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Humor británico, la madre de todas las crisis

Si usted es un varón madurito apunto de caer en la crisis de los 40 siga la senda de los pioneros...

CARLOS PRIETO

¿Nota una vaga angustia interior? Si usted es un varón madurito apunto de caer en la crisis de los 40, debería escuchar esto: en vez de dejar a su esposa por una mujer que podría ser su hija, apuntarse a un gimnasio y volcarse un bote de Grecian 2000 por la cabeza, ¿por qué no hace algo más original? Siga la senda de los pioneros...

Corren los años setenta en un barrio residencial del sur de Londres. Como cada mañana desde hace muchos años, Reginald Perrin, ejecutivo de ventas de una empresa textil, sale de su casa victoriana para ir a trabajar. Todos los días su mujer le besa antes de irse, todos los días coge el mismo tren a la misma hora, todos los días realiza idénticas gestiones en la oficina, todos los días su jefe le hace el mismo puto chiste. Como buen británico, Perrin cree que es feliz así, pero tras unas semanas sintiendo un impreciso malestar psicológico, estalla.

¿Tiene sentido mi vida?, se pregunta de pronto, y comienza a actuar de un modo errático. Pero lo que podría quedarse en un simple arrebato pasajero se convierte en una crisis existencial apoteósica. Harto de todo, va a una playa lejana, se sumerge en alta mar y desaparece. Perrin ha muerto. ¡Viva Perrin! Ha fingido su suicidio, quiere empezar de cero.

Tras ensayar varias personalidades entre ellas, galán maduro (liga con su ex mujer) y cuidador de cerdos Perrin da con la identidad perfecta para alguien que ansía burlarse de la sociedad de consumo: abre una tienda llamada Basura en la que vende productos inútiles a precios absurdos: sombrillas que dejan pasar los rayos del sol, ruedas cuadradas o saleros sin agujeros. "Hoy día se vende tanta porquería sin decir lo que es, que yo he decidido ser honrado", le espeta a un cliente. "Cuanto más malo, más caro", "Si le gusta le devolvemos su dinero" o "Regalos para la gente que odias", son otras de las citas del tendero punk.

Pero, ¡ay!, en una paradoja capitalista que desconcierta a Perrin, el bazar se vuelve un éxito arrollador. Y Reginald vuelve a coger una depresión de caballo. En un intento desesperado por sabotear su propio negocio, contrata a los jefes de su antigua empresa (conocidos incapaces), pero sólo consigue forrarse más. Preso de la estupefacción, acabará montando una comuna

La serie, estrenada en la BBC en 1976, se llamó Caída y auge de Reginald Perrin. Aquí pudimos verla en 1984, al salir de clase. Algunos aún no nos hemos recuperado. Cameo edita ahora una saga tan querida en Inglaterra como el té de las cinco.

 

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