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La inmigración ya vive como en casa

En más de 2 millones de hogares españoles hay algún ciudadano extranjero

DANIEL AYLLÓN / MARTA HUALDE

"Los estudiantes de Erasmus somos unos afortunados. Yo vine con una pequeña beca, pero tengo compañeros de postgrado que han venido de Venezuela, Ecuador o Perú y que tienen que compaginar trabajo y estudios para pagarse el piso", dice Michele, un estudiante italiano de 25 años, que comparte piso con una francesa de 23 años y dos españoles de 23 y 22.

Como en su casa del madrileño barrio de Moncloa, en España hay ya 2,16 millones de hogares en los que vive algún extranjero, según la encuesta Nacional de Inmigrantes 2007 -la primera que realiza el Instituto Nacional de Estadística (INE)-. Sus ocupaciones (obreros, estudiantes, jubilados, empleadas...) y sus nacionalidades (mayoría de marroquíes, rumanos y ecuatorianos) han inyectado decenas de productos exóticos en las despensas españolas y han ayudado a sostener la economía nacional.

El informe, se efectuó entre noviembre de 2006 y febrero de 2007 con 15.000 entrevistas presenciales en todas las Comunidades y contó con la colaboración del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y la Universidad Complutense.

La imagen del inmigrante como alguien que llega en patera a las playas de Andalucía y las Islas Canarias también se va desdibujando con el paso de los años. A pesar de estar grabada en la retina de los telespectadores como la más frecuente por su dramatismo y carácter mediático, el informe detalla que sólo uno de cada 100 extranjeros que han llegado a España lo han hecho a bordo de pateras o cayucos. Por el contrario, los números apuntan al autocar, tren y, sobre todo, el avión como los más utilizados. Por vía aérea llegó el 62,7%.

Entre los que llegaron a lomos de una patera a la costa canaria están Mokhtar y Khalid, dos amigos saharauis que viven en España desde 2006. Después de pedir asilo político alegando presiones del Gobierno marroquí a su familia, Khalid encontró trabajo en Madrid, donde vive en un piso con dos compañeros sirios y uno palestino, una práctica frecuente entre el colectivo foráneo, especialmente entre los más jóvenes. El número medio de personas de los hogares en los que vive al menos un inmigrante es de 3,4 miembros, aunque cuando entre los inquilinos viven españoles, el índice asciende a 3,7. Entre otros, esto se da en pisos de estudiantes o de familias con una empleada del hogar extranjera.

Como Khalid y sus compañeros, el 40,3% de los extranjeros vive en régimen de alquiler, mientras que el 38,1% tiene una vivienda en propiedad y el 19,3% reside en una casa cedida. Las viviendas suenen disponer de agua caliente, electricidad y baño, pero el 43,7% carece de calefacción.

La reagrupación es un fenómeno muy frecuente y tiene a la marroquí (la comunidad más numerosa con 675.906 personas) como la colonia donde más ha proliferado. Por su cercanía a la península, miles de extranjeros como Mustapha -que vino hace ocho años de Tetuán- están pensando en traer a algún familiar. En su caso, a uno de sus hermanos. El 81,2% de los encuestados con parientes en el extranjero tiene intención de traerlos a España, mientras que el 7,7% no la tiene prevista.

Este marroquí de 26 años, se trasladó a España para trabajar. En un momento de ocio en un parque madrileño, conoció a Silvia, española de 30 años. Presentados por amigos comunes, comenzaron su noviazgo hace siete años. Su inicio fue como el de cualquier pareja: de los paseos por el parque pasaron a cenar e ir al cine. Silvia temía en un principio que su familia no viera bien su relación con un marroquí, por eso no se lo presentó hasta los dos años de noviazgo. "Pensaba que iba a ser peor, pero se lo tomaron muy bien", cuenta con una sonrisa en la boca.

Los familiares de Musta, como le llaman sus amigos y los asiduos al ‘Primi', un bar del barrio madrileño de La Ventilla en el que trabaja y que el padre de Silvia les traspasó a la pareja, la recibieron con los brazos abiertos. Su felicidad se plasmó hace casi un año con el nacimiento de su hija Nora, que no come cerdo y será educada en la religión islámica hasta que sea mayor de edad y decida por sí misma.

Pero a diferencia de Musta y Silvia, no todos los extranjeros que residen en España viven con sus hijos: han dejado en sus países de origen a 657.294 menores de 16 años.

Sin embargo, como en su caso, en una de cada cuatro uniones de inmigrantes, los matrimonios son mixtos: mitad extranjera y mitad española. En algunos de estos casos, la relación sentimental ha sido el motivo que ha traído al extranjero a España. Así, el viaje a otro país para buscar trabajo pierde la exclusividad entre los motivos por los que los extranjeros emigran a España. El 64,9% de ellos estaba trabajando en su país antes de llegar. De estos, el 53,7% era asalariado y el 11,2% autónomo o empresario, según el informe. El 45% de los varones aduce la búsqueda de un empleo mejor, y el 26%, la falta de trabajo para venir, mientras que en el caso de las mujeres, estas proporciones son el 32 y el 20%.

Un ejemplo de motivaciones ajenas al empleo es el de D. T. V., ecuatoriana de 45 años, que vino a España por razones personales, no económicas.
"A los diez me fui a Estados Unidos con mi familia y embarqué en un avión a los 26 movida por el amor", relata. Conoció al que hoy es su marido durante sus vacaciones del verano de 1986 en Talavera de la Reina y, tras dos años de noviazgo a distancia, decidió probar si la relación podía prosperar. Y fue bien. Encontró trabajo como profesora de inglés por las tardes en una academia en Madrid.

Las mañanas las dedicaba a enseñar inglés en una asociación de ayuda a solicitantes de refugio y asilo en proceso de reasentamiento en países de habla inglesa (Estados Unidos, Canadá y Australia).

Todo iba sobre ruedas, tanto en su vida en España como en su relación sentimental. Por eso, el siguiente paso fue dejar el piso que compartía con otras dos profesoras de inglés y plantearse vivir con su pareja. Más de la mitad (52,3 por ciento) de la población inmigrante encuestada está casada, el 37,7% está soltera y el 7,1 por ciento divorciada o separada.

En 1993, se compraron una casa y pegaron un salto: se casaron. Luego, llegaron los hijos, que hoy tienen 13, 12 y 8 años. Se forjó, así, una "verdadera relación intercultural", explica esta ecuatoriana. Cuenta su historia con la intención de romper el mito de que los inmigrantes vienen a casarse con un español por conveniencia. "Habrá casos, pero en porcentajes muy pequeños", concluye.

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