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Un investigador descubre documentación de CNT y FAI que brinda otra cara a la Memoria

EFE

El libro "Diario de un pistolero anarquista" de Miquel Mir, investigador del Museo de Historia de Girona, descubre documentación de la CNT y la FAI que ofrece otra cara de la memoria histórica sobre la guerra civil.

El diario que escribió en su exilio en Londres José Serra, uno de aquellos patrulleros que robaron y expoliaron iglesias y ejecutaron a quienes consideraban traidores a su revolución libertaria, sale a la luz en este libro (Destino), que ha servido para acelerar la causa de beatificación de 146 religiosos ejecutados en Barcelona en 1936.

El mismo, que luego cambió de nombre, explica en uno de los pasajes que fue uno de los autores del asesinato en una sola noche en el cementerio de Montcada de 45 Hermanos Maristas, víctimas del engaño por parte de miembros de la FAI.

El libro describe la forma en que actuaban y demás circunstancias de la violencia en Barcelona desde el 18 de julio de 1936 hasta mayo de 1937, cuando se desactivó el poder de los anarquistas y los comunistas, que querían controlarlo todo, acabaron con su revolución.

Según el autor, la cifra de víctimas de la retaguardia republicana en Cataluña fue de 8.352, pero que sólo entre julio y septiembre de 1936 fueron asesinadas 4.682 personas, lo que supone 36 asesinatos por día, por aquellas patrullas de control.

De ellos, y sólo en ese periodo de tres meses, 2.441 religiosos, 281 de la Liga Regionalista (de Cambó), 1.119 carlistas, 213 de la CEDA, 108 de la Falange, 70 de Renovación Española, 117 de Acción Ciutadana y 110 del sindicato libre.

En el libro se describe la forma en que actuaban las patrullas para limpiar la retaguardia de católicos o gentes de derechas contraria a su revolución, y como les engañaban diciéndoles que si colaboraban los pondrían a salvo en Francia, pero luego los asesinaban en un descampado. Así, a partir de 1941 aparecieron más de 1.700 cadáveres en el cementerio de Montcada.

Al presentar hoy su obra, Mir habló de los tres capitostes del anarquismo -Aurelio Fernández, encargado de Seguridad e Interior en Cataluña, Manuel Escorza, del comité de Investigación de la CNT-FAI y Dionisio Eroles, máximo responsable del orden público en Barcelona-, que crearon aquellas patrullas de control.

Ellos daban las órdenes, "los anarquistas no necesitamos prisiones, sólo cementerios" era la consigna a seguir por los obreros afiliados, tal como cuenta Serra, que entró en la CNT con las huelgas de los años 20 y enseguida fue captado por la FAI por sus conocimientos para montar y desmontar armamento.

Jose era un obrero del Penedés que en 1914 fue enviado a Marruecos donde trabajó en una armería y que a su vuelta, en Barcelona, fue mecánico de coches en la Hispano Suiza.

Cuando se empezaron a crear los comités de defensa para hacer frente a la sublevación militar, se encargó a José y a otros entrar en las iglesias para llevarse cruces procesionales, cálices y todo objeto de valor con el fin de comprar armamento, que iban llevando a un almacén.

De ahí, más tarde, algunas cajas acabaron en Francia y "en Perpiñán compraron piezas joyeros de Amsterdam o de Italia y "hasta el Vaticano", según Mir.

Mir, que descubrió el diario en 1997 cuando Mauricio, ahijado de José, le pidió ayuda para ordenar una documentación que tenía, sigue sus investigaciones sobre esos asesinatos, algunos de cuyos cadáveres acabaron en una cementera cercana "para borrar cualquier rastro".

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