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Jabier Muguruza vuelve a cantar a lo cotidiano en "Taxirik ez"

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"Taxirik Ez" ("Ni un mísero taxi" en castellano) es el título del nuevo disco del cantautor vasco Jabier Muguruza, un trabajo para el que, de nuevo, el acordeonista ha contado con el apoyo de escritores como Bernardo Atxaga o Harkaitz Cano.

"Es un trabajo con más luz, que cuenta con una instrumentación más rica y con una intención de abrir más la ventana a lo cotidiano", ha señalado a EFE Muguruza, cuyo último disco, "Cómplices", publicado hace dos años, estuvo marcado por la muerte de su padre.

En este nuevo disco, el décimo de su carrera en solitario, el músico vasco ha contado con colaboradores habituales, como Mireia Otzerinjauregi como cantante, para construir canciones sobre letras escritas por distintos autores, como, entre otros, la catalana Maria-Mercè Marçal, que lleva a Muguruza a interpretar en catalán "Tan petita".

Sus colaboradores son "amigos que se sitúan de una forma parecida a la mía en el mundo", según cuenta Muguruza, que, en este disco, ha querido alejarse "un poquito" del intimismo que siempre le ha caracterizado y del que "no se puede escapar" para hacer una propuesta más accesible y "con un ropaje más popero".

"Los que hacemos canciones para adultos lo tenemos un poco complicado porque la música se ha convertido en un producto para preadolescentes", explica este músico que sigue escribiendo cuentos infantiles, como "Jon y los caballos", su última publicación, y haciendo música para teatro.

Además de temas como "Etxera bai, etxera ez" ("Volver, o no, a casa") escrito por Harkaitz Cano y que incluye el verso que da título al álbum, Muguruza convierte en canción "Clementine", una simpática historia sobre la muerte.

"Me la mandó el año pasado Bernardo Atxaga y cuenta la historia de Clementine, una anciana de 85 años que, vestida de cow-boy y con su pistola, se enfrenta en un duelo con la muerte con su guadaña e intenta darle su propia medicina", explica Muguruza.

Muguruza continúa con "Taxirik ez" una carrera que emprendió a los cinco años cuando, por primera vez, le colgaron un acordeón, un instrumento que "tiene algo mágico" y cuyo fuelle es "un vehículo excepcional que permite expresar de todo, desde la fiesta a la nostalgia".

A los 7 años ya era campeón de Europa de este instrumento en la categoría infantil y a los 15 profesor de acordeón y solista de la Orquesta del Conservatorio de San Sebastián.

De la música clásica pasó a colaborar con grupos de rock vasco como Kortatu o Delirium Tremens, a formar en los noventa el grupo de pop Les Mecaniciens y a emprender un camino propio dentro de la canción de autor para niños y para adultos.

Ha recorrido escenarios dentro y fuera de España con sus canciones en euskera, un idioma al que "algunos no se acercan porque no lo conocen, aunque sí se acerquen a otros que tampoco entienden, como el inglés".

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