Público
Público

'Jack el Destripador' era un inmigrante polaco llamado Aaron Kosminski, según pruebas de ADN

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

El asesino en serie Jack el Destripador era un inmigrante polaco llamado Aaron Kosminski, según pruebas de ADN halladas en la ropa de una de sus víctimas durante los crímenes que cometió en el distrito londinense de Whitechapel a finales del siglo XIX.

El descubrimiento de la identidad de El Destripador fue realizado después de que un empresario identificado como Russell Edwards comprara 2007 el chal perteneciente a Catherine Eddowes, la segunda víctima del asesino. Supuestamente, el sargento Amos Simpson de la Policía londinense recogió la prenda cerca del cuerpo de la segunda víctima, Catherine Eddowes. Simpson se lo quiso dar a su esposa, pero esta, al verlo con sangre, se negó a llevarlo, y el chal fue pasando a través de las generaciones hasta ofrecerse en una subasta que tuvo lugar en 2007 en Bury St. Edmunds, en el condado inglés de Suffolk.

Edwards entregó la prenda al profesor de biología molecular Jari Louhelainen, de la universidad John Moores de Liverpool, especializado en analizar pruebas genéticas de crímenes históricos. El doctror Louhelainen consiguió extraer el ADN del material, que contenía tanto la sangre de Eddowes como el semen de su asesino. Tras verificar que la pieza de tela pertenecía a la fallecida a través del estudio genético de sus descendientes, Louhelainen procedió a comparar el semen del asesino con los sospechosos de la época.

Russell Edwards desvela ahora en Naming Jack the Ripper (Identificando a Jack el Destripador) la supuesta identidad del delincuente, que en 1888 mató al menos a cinco mujeres, a las que degolló, destripó y abandonó en callejones del East End londinense, del entonces empobrecido barrio de Whitechapel.

Kosminski, de 23 años en el momento de los asesinatos, era un peluquero polaco que había escapado de los pogromos rusos en 1880, y fue considerado en la época como uno de los sospechosos más probables. Los documentos le señalaban como un 'probable esquizofrénico paranoico con alucinaciones auditivas y propenso a la masturbación', de acuerdo con las notas del responsable de la investigación, el inspector jefe Donald Swanson. La Policía nunca consiguió recabar las pruebas necesarias para condenar a Kosminski, a pesar de que un testigo le situó en el escenario de uno de los crímenes. No obstante, las autoridades le pusieron bajo vigilancia constante hasta que finalmente fue ingresado en una clínica psiquiátrica donde permanecío hasta su muerte.

Finalmente, el médico consiguió ponerse en contacto con una descendiente británica de la hermana de Kosminski, Matilda, con la que compartía ADN mitocondrial. 'La primera muestra de ADN demostró una coincidencia del 99,2%. La segunda arrojó un 100% de coincidencia', escribe el médico en el diario británico. 'Fui capaz incluso de identificar la etnia y procedencia geográfica del ADN extraído, perteneciente al haplogrupo T1a1, común en las personas de etnia rusa y judía'.

El escritor de 48 años y residente en el norte de Londres explica que siempre se sintió 'cautivado' por el misterio del escurridizo asesino, y se dedicó a investigarlo en su tiempo libre, si bien había perdido la esperanza de resolver el caso. No obstante, el hallazgo del chal le permitió explorar una nueva pista que, según él, ha resultado ser definitiva, al establecer que la sangre en la prenda pertenecía a la víctima y a Kosminski, de quien también había semen.  'Cuando descubrimos la verdad, fue la sensación más increíble de toda mi vida', afirma Edwards. 'Gracias a Dios que el chal nunca se lavó, pues contenía pruebas clave', añade.

'Me he pasado catorce años trabajando en ello, y por fin hemos resuelto el misterio de quién era Jack El Destripador', asegura. Según Edwards, 'solo los incrédulos que quieren perpetuar el mito dudarán' del descubrimiento. 'Esto es definitivo: lo hemos desenmascarado', apostilla.

La teoría de Edwards es el último intento de identificar al asesino cuya historia ha generado numerosos libros y películas y continúa fascinando. Aunque el libro ofrece sin duda material para la reflexión, es improbable que ponga fin a las especulaciones que desde hace 126 años rodean a los crímenes de Whitechapel. En 2002, la exitosa novelista Patricia Cornwell pensó que podría haber descubierto el ADN de Jack el Destripador y que coincidía con el del artista británico Walter Sickert a quien le gustaba pintar escenas mórbidas de violencia contra las mujeres.

Más noticias en Política y Sociedad