Público
Público

Juegos infantiles sorteando ratas

Más de 200 críos viven entre basuras y con muchas dificultades para ir a clase en El Gallinero, un poblado de Madrid

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Niños que corretean entre ratas y que están todo el día con los labios pegados a una Fanta de naranja, que no van a clase y que habitan en la punta más miserable de la zona más deprimida de Madrid: la Cañada Real. Este es el panorama que se vive a diario en El Gallinero, un poblado chabolista donde viven unos 500 gitanos rumanos, la mayoría niños.

La situación no es nueva. Desde hace tres años un grupo de voluntarios lleva denunciando las penurias de estos críos. Esta semana, los voluntarios lo van a recordar a diario con distintas actividades, aprovechando que el viernes se celebra el 20 aniversario de la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño. 'Si estos derechos se hubiesen cumplido, ahora mismo no habría ningún menor aquí, estarían en la escuela', denunció ayer Paco Pascual, un maestro jubilado que ahora dedica su tiempo a ayudar, al ver que a las 11 de la mañana más de 50 niños permanecían dentro del poblado.

Un día recogerán ratas, al día siguiente las llevarán a la Junta Municipal del distrito de Villa de Vallecas, la Administración más cercana, que debería ocuparse de la salubridad de la zona. También van a reclamar un parque infantil y una marquesina para protegerse de los coches cuando quieren coger el autobús al borde de la vía de servicio. 'Las ratas son así', explica Daniela mientras sus brazos se abren para ilustrar un tamaño que podría ser el de un perro.

El otoño de 2008, debido a las fuertes lluvias, El Gallinero se convirtió en una enorme charca. El agua llegaba casi hasta la cintura. El suceso salió en los medios e hizo que hasta la zona se acercaran políticos y técnicos de la Comunidad de Madrid y del Ayuntamiento, con sus respectivas promesas de que iban a mejorar las condiciones. 'Un año después, la situación sigue siendo la misma', critica Ángel Castiblanque, párroco de la iglesia de Santa María de la Calzada, un templo obrero que junto a la parroquia de Entrevías trabaja a diario por mejorar la situación de estas 150 familias.

No obstante, desde aquellas visitas de hace un año no ha habido ninguna mejora, ni ha vuelto a aparecer ningún político. Sigue habiendo lo de siempre: miseria y ratas. 'Tan sólo ha cambiado que en el suelo, antes de barro, ahora hay gravilla', señala Jorge, otro de los voluntarios, al que conocen todos los vecinos del poblado.

El otoño de 2008, debido a las fuertes lluvias, El Gallinero se convirtió en una enorme charca

Un grafitero pintó ayer en uno de los muros: 'Veo, veo, ¿qué ves?', un emblema-protesta para señalar que lo que hay es sólo degradación. '¿Y eso qué significa?', pregunta Paun, una mujer de 32 años que tiene siete hijos y que dice que en El Gallinero 'todo huele a caca'. No puede distraerse mucho con la conversación porque entonces se le sale el agua de la vieja lavadora que está intentando centrifugar a través de un tubo. Sus hijos, como otros 40 menores, están escolarizados en un colegio gestionado por la Cruz Roja y la Comunidad de Madrid, ubicado a diez kilómetros de sus casas. Es una escuela especial, porque allí sólo hay niños de El Gallinero y eso no gusta a sus padres, que quieren que se integren con niños españoles. En teoría, una vez que los críos han pasado por esta escuela pasarían a un centro normal, pero de momento, esto no ha ocurrido.

'Mis nietos sólo están con niños rumanos, hablando en rumano, en casa, en clase...', se queja Tibi, con 40 años, cuatro hijos y dos nietos. Los padres dicen que quieren que sus niños vayan a la escuela, pero en la práctica hay muchas dificultades. Tienen que desplazarse diez kilómetros en transporte público, ida y vuelta; no tienen cuadernos, ni ropa; la mayoría de los zapatos están rotos; si los pequeños salen limpios de casa, da igual, después de atravesar el poblado van a llegar al colegio sucios de la cabeza a los pies. Eso, los que acuden.

Más noticias en Política y Sociedad