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Karzai se rinde a la presión y anuncia una segunda vuelta electoral

La presión de la ONU y la Comisión Electoral deja sin opciones al presidente afgano, acusado de fraude

DANIEL DEL PINO

El presidente de Afganistán, Hamid Karzai, ha cedido finalmente a la presión internacional y ha anunciado este martes que el próximo 7 de noviembre se celebrará una segunda ronda de las elecciones presidenciales en el país.

Karzai, que se remitió a una decisión de la Comisión Electoral, hizo el anuncio en rueda de prensa conjunta con el senador estadounidense John Kerry.

El anuncio se produce después de que se demostrara que se benefició de un fraude masivo en la primera cita del pasado 20 de agosto. Fuentes del Gobierno afgano apuntan a que la presencia ayer en Pakistán de John Kerry, ex candidato a la Casa Blanca, fue definitiva para aceptar los hechos.

Para que Karzai se hubiera librado de la segunda vuelta, el presidente tendría que haber conseguido al menos el 50% de los votos, como aparentemente sucedió, hasta que la Comisión de Quejas no tuvo más remedio que anular casi un millón de papeletas tras demostrar las irregularidades cometidas en cerca de 210 colegios electorales.

El porcentaje final de votos obtenido por Karzai será publicado hoy por la Comisión Electoral. Lo más probable es que se sitúe en torno al 48%, lo que le da una segunda oportunidad a su máximo rival, Abdullah Abdullah , a luchar por la presidencia.

Según diversos medios, ayer por la noche Karzai aceptó la realidad después de mantener una reunión en el palacio presidencial de Kabul con el propio Kerry y los embajadores de Francia y Reino Unido, así como el máximo representante de la ONU en Afganistán, el noruego Kai Eide. 

La presencia de este último es muy significativa teniendo en cuenta que Naciones Unidas ha estado bajo sospecha de querer tapar el pucherazo de Karzai. El diplomático estadounidense y número dos de la misión en el país asiático, Peter Galbraith, fue destituido a principios de mes por discrepancias con Eide. Según Galbraith, el noruego había intentado por activa y por pasiva negar las voces que apuntaban a un fraude.

No deja de ser paradójico, porque la ONU estaba allí para evitarlo. Y en lugar de denunciar que las elecciones no fueron transparentes, Eide, siempre según Galbraith, fue obligando a los trabajadores de la ONU en Kabul a desmentir cualquier comentario sobre el pucherazo. Galbraith estalló y el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon lo destituyó.

Tras la reunión de anoche, los representantes occidentales hicieron ver a Karzai que si aceptaba la segunda vuelta sería visto como una "hombre de Estado". Cualquier otra solución que no fuera esa le habría costado aún más la poca credibilidad que le queda. 

Ayer por la tarde, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, se mostró convencida de que Karzai cambiaría de parecer diciendo que  "va a anunciar sus intenciones. le voy a dejar que lo haga, pero estoy muy segura de hacia donde está girando la situación. Estoy convencida de que su decisión estará en lalínea de mantener un orden constitucional".

El clamor contra Karzai era insostenible y el presidente afgano, pese a haber resistido un par de días, no tenía más remedio que plegarse a las peticiones de una segunda vuelta. Desde incluso antes de las elecciones, la sombra del fraude ha ido de la mano de Karzai.

Los escándalos de corrupción en su Gobierno, las acusaciones de promocionar el narcotráfico y su relación con los señores de la guerra, han sido claves para la desconfianza de occidente, pero sobre todo de Washington, que tras ocho años de guerra, lo único de lo que podrá presumir por ahora es de haber forzado la máquina para que las elecciones, si no justas, sean más transparentes.

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