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Le roba un sofá a Editors y charla sobre 'jevi' con la Guardia Civil

El resultado del bolo, feliz desastre: bar jevi' lleno con público militantemente indiferente y novia del dueño sexualmente generosa

ALBERTO TORRES

Pagar o no pagar el extra de 30 euros del seguro a todo riesgo de la furgoneta Pepecar casi dio al traste con nuestro primer concierto fuera de Madrid, en Salamanca.

Ahora lo recuerdo y sonrío mientras huyo unos días de vacaciones y voy rumiando este artículo. Por la ventanilla se cruza un nutrido grupo de peregrinos de la rave de dios (también conocida como JMJ). Joder. Eso sí es un festival.

Chau, Madrid.

Conduzco hacia el norte por la carretera de A Coruña y recuerdo aquella historia de cuando robamos en un festival el sofá del camerino de al lado, que parecía vacío. Al rato, tocaron a la puerta. Eran los miembros del grupo británico Editors, a los que teloneábamos. Con cara de tuna poseída y su roadie guiri, coloradísimo, señalaba el sofá y sólo le entendíamos algo como fuck fuck y fuck (¡joder, joder y joder!).

Chau, sofá.

He llegado a la conclusión de que puede que tengamos una relación de amor con la Guardia Civil. Siempre que vamos al sur terminamos topando con ella en alguna esquina de alguna carretera. Será que nos aman. Así que hemos desplegado una meridional confianza en el 'dios proveerá' cada vez que bajamos hacia Andalucía.

La última vez que nos encontramos en la carretera nos dijeron: 'Control de armas y estupefacientes: bájense del coche y pongan sobre el capó todo lo que tengan en los bolsillos'. Sergio dejó las llaves puestas y el iPod siguió sonando.

Caprichos del random, mientras registraban todo minuciosamente en busca de psicotrópicos y alucinógenos o quién sabe qué, comenzó a sonar Noche de setas, de los sevillanos Pony Bravo. Nos miramos con una sonrisilla. Pero eso de 'pánico en el bungalooow' desató la risa floja y rompimos a descojonarnos para desconcierto de la Benemérita, que a la postre, de forma inesperada, confesaron ser fans devotos de los australianos AC/DC.

Chau, hombres de verde.

Pago el peaje cabrones y mi cabeza vuelve a aquel viaje iniciático a Salamanca, cuando ofrecimos nuestro primer concierto fuera de Madrid. Fue en diciembre de 2007. Toda la operación era algo muy de colegas. Merche e Idoya lo habían organizado todo. Incluso Nico, Asti y Gotor habían viajado el día antes a Salamanca para repartir flyers entre los universitarios que encontraran a su paso.

El resultado del bolo, feliz desastre: bar jevi, lleno, con público militantemente indiferente y novia del dueño sexualmente generosa.

Al llegar a Madrid amortizamos los 30 euros de la discordia reventando la parte derecha de la fula a la entrada del parking de Pepecar Plaza Castilla.

Chau, fianza.

La autovía se convierte en una nacional y no se me ocurre nada más que escribiros por ahora. Grabaremos el segundo disco en octubre y mi cabeza necesita ponerse en off después de meses de trabajo sin descanso.

Además, pienso que las mejores historias de gira son aquellas que mi madre no querría leer aquí. Y está de vacaciones. En Benidorm. (...). Que disfrute.

¡Hola, mamá!

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