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La legislatura depende de la financiación

Zapatero necesita un acuerdo para salvar los Presupuestos

FERRAN CASAS

El Ministerio de Economía y el Gobierno catalán deberían llegar estos días a un acuerdo que desencalle la financiación autonómica. El nuevo reparto, que Catalunya, el País Valenciano, Madrid o Baleares piden a gritos, llegará con un año de retraso y de ahí que su aplicación vaya a ser retroactiva. La demora (que envenena la relación PSC-PSOE) no aguará la fiesta. Tampoco impedirá que, si se cierra con éxito en el Consejo de Política Fiscal del 15 de julio, Zapatero atraviese, en marzo de 2010 y en plena Presidencia de turno de la UE, desahogado el ecuador del segundo mandato con los Presupuestos aprobados.

Si hay acuerdo, el PSOE podrá buscar los 7 votos que le faltan para no prorrogar las cuentas en las filas de ERC (3), ICV (1) e incluso en las de CiU (10). De lo contrario, se verá abocado a sumas más heterogéneas con BNG (2), CC (2), UPN (1), NaBai (1) e IU (1). El PNV (6) y UPyD (1) no están para nada.

Atenazado por la crisis, la situación política no es buena para el Gobierno. El PSOE observa cómo el juego, a priori sugerente y picaresco, de la geometría variable de alianzas desgasta. Acordar la financiación reportará no sólo una luna de miel con el PSC. También con sus socios. Joan Ridao, de ERC, que hasta ahora ha enseñado las garras, nunca ha escondido sus ganas de "jugar el partido" si se dan las condiciones.

Con un acuerdo, y por mucho que Artur Mas piense en las autónomicas catalanas de 2010 (su tercera y última oportunidad de ser president) y ponga el grito en el cielo como anunció que hará pase lo que pase Josep Antoni Duran Lleida ganará margen. En la Carrera de San Jerónimo CiU podrá emplearse a fondo en el juego de las contrapartidas, la marca de la casa de la federación en Madrid y que desde que la izquierda les relegó a la oposición es material incendiario. Han optado por realzar sus aristas soberanistas.

Con el frente catalán apaciguado, el Gobierno se enfrentará, entre el 20 y el 25 de julio, al debate sobre la crisis que esta semana ha forzado IU. En él, Zapatero dará cuentas.

Esos días, la llamada agenda catalana puede recibir un empujón. Manuel Chaves anunció ayer que convocará la tercera semana de julio la comisión bilateral Estado-Generalitat. De acuerdo con el Estatut, cerrará el traspaso de Cercanías (aún en cogestión en 2010) y de la Inspección de Trabajo. Y el ministro de Fomento, José Blanco, volverá a pisar la semana que viene Catalunya. De nuevo para exhibir inversión: después de la T1 de El Prat es el turno del Plan Barcelona para poner al día Cercanías.

El reto de Zapatero son los Presupuestos. Si la financiación no gusta al PSC, o a ERC e ICV, el tripartito se enrocará o romperá. Los apoyos de izquierdas se pondrán inasequibles y CiU (que en la cuenta atrás de las catalanas no aparecerá salvando al malo de película) se alejará reduciendo el abanico de aliados. Por contra, el acuerdo, además de cumplir con el Estatut y "hacer justicia" en palabras de José Montilla, tendría como derivada la casi segura aprobación de las cuentas en diciembre.

Zapatero abriría el 2010 y su presidencia de la UE con mejor cara y sin oír ecos de adelanto electoral.

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