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Un libro denuncia presiones de Londres en el caso Madeleine

EFE

El libro "La culpa de los McCann", del periodista portugués Manuel Catarino, que salió hoy a la venta, asegura que la investigación de la Policía lusa sobre el caso Madeleine estuvo coartada y limitada por las presiones del Gobierno británico.

En la obra, Catarino, jefe de redacción del "Correio da Manha", un diario en el que abunda la información de sucesos, afirma que, antes de que las autoridades lusas fueran informadas de la desaparición de la niña, el entonces futuro primer ministro británico, Gordon Brown, ya lo sabía por un amigo común de Gerry McCann, el padre de Madeleine.

El autor señala que, en la noche de la desaparición de la pequeña, el 3 de mayo, el director de la Policía Judicial (PJ) lusa, Alipio Ribeiro, fue informado del supuesto rapto de la menor no por sus subordinados, sino por el embajador británico en Portugal, John Buck.

"Esta historia no comenzó en el Ocean Club (el recinto vacacional del sur de Portugal donde estaban alojados los McCann), sino en Londres, donde se conspiró y se estableció la verdad oficial: la niña fue raptada en el Algarve", dijo el autor en la presentación del libro en Lisboa.

En el mismo sentido, un reputado criminalista portugués, José Manuel Anes, que es entrevistado en el texto, afirma que la "investigación estuvo bajo una presión terrible" y hubo influencias políticas procedentes de Londres.

Catarino explica que el primero en dudar de la versión del rapto fue el antiguo coordinador policial de las investigaciones, Gonçalo Amaral, quien desde el principio sospechó de Kate McCann, de la que llegó a afirmar: "Todavía no tengo la certeza (de su culpabilidad), pero no me gustaría que fuese mi madre".

El autor, que no se pronuncia sobre lo que pudo suceder con Madeleine, relata cómo a principios de agosto pasado perros especialmente entrenados para detectar olor a cadáver y restos orgánicos descubrieron vestigios de sangre en el apartamento y el vehículo de los McCann.

Uno de los canes encontró, además, un "comprometedor olor a cadáver" en unos pantalones y una camisa de Kate y en el peluche con el que Madeleine siempre jugaba y del que su madre no se separó tras la desaparición de la niña.

En la entrevista a Anes que recoge el libro, el criminalista lamenta que esos restos fuesen encontrados tres meses después de la desaparición de la niña y que el local no fuese sellado para garantizar que las pistas se mantuvieran en el mejor estado posible.

"Si en las primeras horas no fueron tomadas las precauciones debidas para preservar la escena del crimen, todo el trabajo no sirve de nada", afirma Anes, que considera esta circunstancia el "gran problema" de la investigación.

El criminalista duda de que los resultados de los análisis pudieran ser utilizados en un juicio porque "las pruebas no quedaron completamente anuladas, pero sí bastante desvalorizadas", y cualquier abogado con experiencia puede "demoler" una teoría incriminatoria basada en esos restos.

El libro asegura que la PJ optó por interrogar primero, el 6 de septiembre, a Kate al considerar que era el eslabón más débil del matrimonio McCann y se podía desmoronar y confesar el crimen, lo que no sucedió, pese a que ella llegó a manifestar su temor de ir directamente de la comisaría a la cárcel.

El autor explica que los trabajadores del restaurante en el que los McCann y sus siete amigos cenaban cada noche durante sus vacaciones en Portugal, incluida aquélla en la que desapareció Madeleine, aseguraron que éstos bebían entre 10 y 12 botellas de vino, a las que precedían cervezas y cócteles durante los aperitivos.

La pareja británica, que lanzó una campaña mediática mundial y recibió millones de euros en donaciones para buscar a su hija, ha rechazado las sospechas de la Policía portuguesa sobre su hipotética participación en la muerte accidental y la ocultación del cadáver de su hija.

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