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Lisandro Duque explica los matices de la violencia enquistada en Colombia

EFE

El director colombiano Lisandro Duque explica en su película "Los actores del conflicto", proyectada en el Festival de Cine Latino Americano de Trieste, los matices de la violencia enquistada de su país, lo que consigue con un difícil equilibrio entre el drama y el humor.

Tras el pase del filme, Duque, que compite en la sección concurso del Festival, declaró que aunque lo ha terminado ahora, lo rodó en el 2004, lo que sin embargo no le quita actualidad.

"O mi país cambia muy poquito o la película parece que está rodada la semana pasada", sostuvo Duque, quien señaló que su pretensión fue la de despertar la conciencia colombiana e internacional sobre los secuestros.

"Cuando filmé me preocupaba que había muy poca atención a los secuestros en Colombia, que son epidémicos", indicó el cineasta, que aseguró que no han dejado de existir pese a la liberación este año de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt.

De hecho, "después del rescate de Betancourt, en Francia se piensa que el problema de los secuestrados ha terminado", mientras en Colombia se les ha vuelto a mirar con "indiferencia", pese a que "todavía hay más de setecientos", según Duque.

El cineasta recuerda, además, que en Colombia hay varias partes en conflicto y rechazó la idea instalada en algunos países de que sólo la guerrilla y el narcotráfico están en combate contra el Estado.

"Los grupos paramilitares se están reactivando y hay un relevo de los líderes que fueron extraditados a Estados Unidos", aseguró el autor de "Milagro en Roma", uno de los capítulos de la serie de televisión "Amores difíciles", basada en cuentos de Gabriel García Márquez.

Recordó que cuando, hace cuatro años, fue a rodar la película al pueblo de San Martín, en Meta, a dos horas y media de Bogotá, todo el grupo que participaba en el rodaje tuvo que salir huyendo, atemorizado por los paramilitares.

"Cuando llegamos al pueblo nos dijeron que necesitábamos el permiso del jefe local. Les respondimos que teníamos el permiso del alcalde y se rieron de nosotros", recordó Duque en el vestíbulo del Teatro Miela donde se desarrolla el Festival de Cine.

Las partes en el conflicto se reflejan perfectamente en una escena del filme en la que el vigilante en la sede de la Defensoría del Pueblo sale a la puerta para ordenar a las personas que esperan.

"Los que tienen familiares secuestrados por la guerrilla se colocan a este lado; los que los tienen por los paramilitares a este otro; y los que los tienen por los narcotraficantes en el medio. Los familiares de desaparecidos que vengan a finales de mes y los que traen pruebas de supervivencia que pasen primero", dice el vigilante.

Uno de los aciertos de Duque en la cinta es el equilibrio que mantiene entre el humor y el drama, tanto en esa escena como en el resto de la película.

"En el guión era una comedia, pero los relatos van escogiendo su propio género y al rodar fue cambiando para convertirse en comedia y drama al mismo tiempo", comentó Duque.

Sobre si sus compatriotas se reían con el filme, recién estrenado en Colombia, Duque respondió que sí, pero que en ocasiones lo hacían cuando él pensaba que no debían hacerlo.

"No entiendo al país, pero creo que el país tampoco se entiende a sí mismo", continuó para después añadir que, pese a la violencia, los secuestros y los asesinatos, "los colombianos tenemos fama de ser felices".

Pero también indicó que la de Colombia es "una guerra extraña", ya que "una persona puede cruzar el país sin ver los asesinatos o los secuestros".

La película muestra a tres cómicos callejeros que reciben el encargo de guardar unas cajas de libros, pero el hombre que se lo pide es detenido en España por lavado de dinero del narcotráfico.

Cuando los comediantes abren las cajas hallan armas y con éstas tratan de conseguir su exilio a España haciéndose pasar por guerrilleros arrepentidos.

Antonio Lafuente

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