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Londres afronta el coste del aislamiento de Cameron

Euroescépticos y europeístas se enfrentan por el futuro económico británico

DAVID BOLLERO

Tras la euforia vivida el viernes en Londres por el plante del primer ministro británico, David Cameron, a la cumbre de la UE, ayer se vivió una resaca de análisis. El aislamiento de Reino Unido respecto a Bruselas ocupó los editoriales británicos, aunque con discrepancias. Mientras The Times avaló la línea dura del primer ministro, hablando del "fin de una era y el inicio de otra, en la que se espera mayor definición de Cameron", el Financial Times advertía de la necesidad de "recuperar la influencia de Reino Unido en el mercado común. Una silla vacía no resuelve nada".

El ministro de Hacienda, George Osborne, aseguró a la BBC que "se ha tomado la decisión correcta" y negó pérdida de influencia. De haber suscrito el tratado, indicó, "nos habríamos topado con el Tribunal Europeo, la Comisión Europea y todas estas instituciones que aplican los tratados, aprovechando la oportunidad para socavar los intereses de Reino Unido, para perjudicar al mercado único". Respecto a la City, que supone el 10% de la producción económica del país, Osborne apuntó que "no se trata de dejarla fuera de la regulación, sino de establecer la regulación correcta para el centro financiero" más grande de toda la UE.

'Financial Times' le dice a Cameron que "una silla vacía no resuelve nada"

El veto de Cameron que, para algunos ha llegado más lejos que cuando en los ochenta Margaret Thatcher se negó a entregar más poderes a Bruselas, no sólo ha apaciguado a los conservadores euroescépticos, sino que ha alentado sus ansias de ruptura con la UE. La noche del viernes, el primer ministro convocó a 30 de sus diputados y a la salida, el euroescéptico Andrew Rosindell, que días atrás animó a Cameron a "defender los intereses de Reino Unido como un bulldog", se limitó a calificar el encuentro de "muy relajado" y "extremadamente positivo". Otros, como Lord Heseltine, exministro de Thatcher, defendió el veto pero matizó que "no hay manera de proteger los intereses de la City dejándolos flotar por el Atlántico".

A pesar del apoyo del viceprimer ministro, Nick Clegg, podría abrirse una fisura en la relación con sus socios liberal-demócratas. El propio Clegg advirtió de que "una Europa de dos velocidades, en la que Reino Unido quedaría marginada, traería pésimas consecuencias para el crecimiento del país". Por su parte, el laborista Ed Miliband recordó: "Ya habíamos advertido que Cameron lleva meses al margen de Europa. No tener aliados significa debilidad". El líder opositor lamentó "haber sido excluidos de las decisiones económicas clave que afectarán" al país.

Los liberales critican que Reino Unido "lleva meses al margen de Europa"

El debilitamiento del euro perjudicaría seriamente a la economía británica pues cerca del 50% de sus exportaciones tienen como destino la UE (entre el 5-6% del PIB), afectando a unos tres millones de empleos. Londres podría acusar su ausencia en la toma de decisiones que le afectarán de pleno. Hugo Brady, del think tank Centre for European Reform, lo ilustra al decir que "si no estás sentado a la mesa, es que formas parte del menú", pues a pesar de que Cameron aún puede evitar la imposición de acciones como la tasa Tobin (requiere unanimidad), su margen de maniobra será mínimo, aunque algunos, como Terry Smith, consejero delegado de la firma de trading Tullett Prebon, creen que "Cameron debería utilizar el veto con más frecuencia".

Paralelamente, la BBC sostiene que la crisis de los bancos podría afectar a Reino Unido dada su exposición a la banca francesa y la de esta a las deudas española e italiana. Asimismo, si por la crisis los inversores extranjeros abandonaran la libra, esta se devaluaría incrementando el coste de financiación del país. Ello obligaría al Banco de Inglaterra a inyectar más dinero a la economía, apareciendo el fantasma de la inflación. The Guardian, muy crítico con el veto de Cameron, otorga una probabilidad de tres sobre cinco a que Grecia, seguida de Italia y/o Portugal y España, abandone el euro, con un futuro negro para la moneda. De producirse esa ruptura, los expertos hablan de un colapso similar al de Lehman Brothers en 2008, con la diferencia de que ahora los gobiernos tienen menos margen para rescatar a los bancos.

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