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"Luces de Bohemia" regresa a Madrid con la Noche de Max Estrella

EFE

El Madrid de "Luces de Bohemia" volvió a dibujarse anoche en las calles de la capital con motivo de la Noche de Max Estrella, el tradicional paseo tras los pasos del esperpéntico personaje creado por Valle-Inclán.

En su duodécima edición, este recorrido, que precede a la Noche de los Teatros, los "cofrades" recordaban especialmente en el centenario de su muerte a Alejandro Sawa, literato de vida bohemia que sirvió de inspiración para el personaje de Max Estrella.

La ruta, capitaneada por Ignacio Amestoy, secretario general del Círculo de Bellas Artes -organizadores junto a la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales-, partía puntual de Casa Ciríaco, el restaurante que ocupa el lugar en el que Valle-Inclán situó la Cueva de Zaratrusta.

Allí, y tras los acordes musicales de una charanga, el catedrático de literatura Jorge Urrutia era quien daba el pistoletazo de salida con un discurso "poco festivo" en el que denunciaba la incapacidad de los intelectuales para constituirse en "conciencia crítica de la sociedad".

Con referencias a la "decadencia del pensamiento" y palabras de recuerdo a Sawa, quien murió "loco, ciego y furioso", se daba paso a la gran novedad de esta edición: la representación "in situ" de pasajes de "Luces de Bohemia" por parte del elenco de la Compañía del Temple.

Casa Ciriaco era también el lugar para tomar el primer "refrigiero" antes de que "la procesión laica" se dirigirse a la casa en donde se suicidó Larra, lugar en el que como cada año el crítico teatral Enrique Centeno depositaba unas flores y le dedicaba unas palabras en boca de la periodista Rosana Torres.

Y de ahí, cofrades y curiosos se encaminaron hacia la calle Mayor, eligiendo como peaje un punto clave situado entntre las casas que sirvieron de morada a Lope de Vega y a Calderón de la Barca.

En ese enclave cultural se encontraban, entre otros, el dramaturgo Pedro Víllora y del director teatral Juan Carlos Pérez de la Fuente, responsables del montaje de "La vida es sueño" con el que cerró sus puertas en Teatro Albéniz. "Nos han prometido volver a nosotros y al Albéniz. Esperemos que sea cierto", proclamaban ante la aprobación del públiblico, también de acuerdo con la alusión al "poder catártico" del teatro en tiempos convulsos.

Frente a la Chocolatería de San Ginés, donde Valle-Inclán situó la borrachera y posterior detención de Max Estrella, tenía lugar la siguiente representación del Teatro del Temple, el discurso del escritor Ramón Irigoyen y el siguiente refrigerio -un vino en vaso de chocolate que no satisfizo a muchos-.

La siguientente estación era la actual sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, en tiempos de Valle-Inclán "edificio de los horrores", donde se encontraban los calabozos, y, ahora, "una casa llena de 'esperanza'", proclamaba entre las risas de los asistentes la Viceconsejera de Cultura y Turismo, Concha Guerra.

Los escritores Javier Villán y Moncho Alpuente, el dramaturgo Alfonso Plau, el Presidente del Ateneo de Madrid, José Luis Abellán, o la Portavoz de IU en la Asamblea de Madrid, Inés Sabanés, eran otros de los invitados a esta peregrinación que, tras pasar por el Callejón del Gato o la Plaza de Santa Ana finaliza con el tradicional himno "El Babilonio" en el Círculo de Bellas Artes.

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