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El maestro de la sátira política se pone serio

El escritor Jonathan Coe presenta 'La lluvia antes de caer', una historia de "madurez" sobre tres generaciones de mujeres

TONI POLO

"El libro ha gustado, y mucho, pero dicen que no parece escrito por mí". Jonathan Coe (Birmingham, Gran Bretaña, 1961) acepta esta consideración de la crítica sobre su nueva obra, La lluvia antes de caer (Anagrama), pero no la comparte. En la novela, la quinta publicada en España (todas por la misma editorial), se sacude ciertas etiquetas que, sin molestarle, considera que lo encorsetan demasiado en un género, el de la sátira política, que él rebasa en todos los sentidos. "Los críticos se esperaban otra novela en esa clave y se han encontrado con algo, digamos, más serio", explica.

El libro parte de la muerte de una mujer mayor y lesbiana y de su curioso testamento, que deja su fortuna a un sobrino, a una sobrina y a una misteriosa chica ciega. A partir de ahí, narra la historia de tres generaciones femeninas a través de las descripciones de 20 fotografías. El tono es más serio que el de novelas anteriores, como ¡Menudo reparto! o El club de los Canallas. Pero Coe reclama otro punto de vista sobre su obra anterior: "Hasta ahora no he escrito sólo sátira política", se justifica. "Mis libors eran mucho más: historias de amor, familiares" Por eso el escritor no considera que La lluvia antes de caer signifique un punto de inflexión en su estilo.

Tiene claro que no hay una ruptura cronológica en su estilo, porque la idea de esta novela se le apareció a mediados de los años 80: "Tenía tres imágenes: una niña rubia y ciega; una misteriosa casa de campo y una canción, Bailero, interpretada por Victoria de los Ángeles. Me faltaba madurez para hilvanarlas". La encontró en 2005 y empezó a escribir.

Coe parte de varias fotografías, lo que es otra gran novedad en su estilo. El autor se considera mucho más influenciado por el oído que por la vista: "Siento más por lo que oigo que por lo que veo", reconoce. "¡Menudo reparto! partía de una película, pero no de las imágenes sino del tema del filme". Ahora el reto ha sido escribir dejándose llevar por un impacto visual.

Coe utiliza esas fotografías, antiguas, de los años 50 o 60, como un instrumento para recordar. "La gente que sale en esas fotos me parece enigmática, misteriosa", declara. "Si fuesen digitales, no sería lo mismo porque serían más reales". Lo mismo pasaría con el vídeo: "Tengo horas y horas de vídeo de mis hijas y nunca los miro, porque es aburrido; en cambio, una sola foto te impone un acto de creatividad".

En parte, esta novela ha sido una manera de no repetirse. "Lo que me preocupa es no aburrirme escribiendo el mismo libro una y otra vez, que es precisamente lo que quieren casi todos los editores. ¡Lo peor que le puedes decir a un editor es que has escrito un libro que rompe tus esquemas!"

 

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