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Manuel Hidalgo retrata a la juventud sin valores en "Lo que el aire mueve"

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Después de siete años sin publicar novelas, el escritor y periodista Manuel Hidalgo vuelve a la actualidad literaria tras ganar el I Premio Logroño de Novela con "Lo que el aire mueve", en la que retrata a esa juventud sin valores ni objetivos.

Manuel Hidalgo (Pamplona, 1953) ha realizado trabajos en prensa y en el cine durante los últimos tiempos, pero en la presentación del libro ha reconocido que tenía ganas de volver a la novela, "un género que tiene un rango".

"Lo que el aire mueve" (Algaida) cuenta la historia de dos muchachos de pueblo que llegan a Madrid a buscarse la vida, ha explicado el autor, quien ha querido distanciarse de la literatura social porque le gusta más hablar de "realidad social".

Hidalgo se ha inspirado en la tradición realista española de Galdós, Marsé, Baroja, Cela, Delibes, Aldecoa y Sánchez-Ferlosio, y en su nuevo trabajo refleja su preocupación por aquellos jóvenes a los que "el viento huracanado les arrasa en la gran ciudad".

El escritor ha insistido en que hay una parte de la juventud que le preocupa por "la falta de esqueleto de valores y objetivos", y que es aquélla que, lejos de estudiar en la universidad, viajar y aprender idiomas, "toman atajos" y ven demasiado la televisión.

Hidalgo ha dicho que, aunque es un tópico, considera que "la televisión es el primer problema que tenemos en España". "Sobran las modelos pero faltan los modelos", subraya el escritor.

El también crítico de cine ha destacado que los jóvenes con "poco fondo" en su educación y en su familia toman "falsos atajos" y buscan soluciones en el dinero pero éste, al final, se convierte en un gran problema.

Lejos de sus anteriores novelas sobre amores, adulterios y psiquiatras, Manuel Hidalgo se ha decantado esta vez por la realidad, y ello ha convertido el libro en "duro, seco, descarnado y contundente".

Sin embargo, el también autor de "Azucena, que juega al tenis" y "Días de agosto" no ha dejado de introducir toques de humor y de ternura, ya que le gusta ser "compasivo con los personajes".

Como reto estilístico, Hidalgo ha introducido mucho el diálogo en esta novela coral para que fluya, se deslice y sea un sustituto de la descripción y la percepción psicológica.

Tampoco falta la técnica del simultaneísmo para narrar acciones a un mismo tiempo, pero con control, asegura.

Manuel Hidalgo ha confesado sentirse "muy contento" con su nueva obra, en la que ha habido "mucho trabajo detrás, aunque no se note". Reconoce que le gusta "ponérselo fácil al lector y difícil a él mismo".