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María, 15 años, feliz y transexual 

La asociación Chrysallis asesora a más de 200 familias de menores con problemas de identidad de género. La Junta de Andalucía difunde el primer protocolo escolar para la perfecta integración de estos niños.

María –nombre supuesto—tiene 15 años y nació Mario

-¿Y no tienes problemas en el colegio, insultos, rechazo, bromas pesadas?

-Ahora ya no.

María –nombre supuesto—tiene 15 años y nació Mario. Gasta una melena lisa y pelirroja muy cuidada, viste y se adorna como lo que es (una chica) y recibe un tratamiento endocrino para detener el desarrollo de sus características viriles.

“No sentía nada raro. Desde muy pequeña, a mí me gustaban las cosas de chicas. Después, ya con ocho o nueve años, comprendí que quería ser mujer. Estaba decidida a ser mujer”, dice con voz femenina y profunda, y en su rotundidad adolescente no hay vergüenza ni extrañeza cuando trata de este asunto. Lleva una vida de chica enteramente normal.

El periodista recuerda su infancia y su colegio, cuando en clase mortificaban a un compañero que usaba desodorante femenino. Esas cosas, al parecer, ya casi no suceden. The times they are a-changin, pero un poco más tarde de cuando lo cantaba Dylan.

-¿Y te quieres operar?

-Claro que me voy a operar. En cuanto pueda.

La familia de María es una de las 120 inscritas en la asociación Chrysallis de atención a menores transexuales. Llevan trabajando un año y medio y los afiliados no paran de crecer: “En julio éramos 30”, dice la presidenta, Natalia Aventín, madre de un niño de 12 años nacido niña.  

Se ríe de la insistencia del periodista a la hora de indagar los problemas que sufren estos chavales: “En los colegios la aceptación es total. Los niños no son crueles, como se acostumbra a decir. Los niños son crueles cuando esa crueldad se la transmitimos los adultos. De hecho, el problema más grave suele estar en la aceptación de las familias. Una vez que los niños entienden lo que pasa, son bastante empáticos y acogen bien la situación”.

Después, ya con ocho o nueve años, comprendí que quería ser mujer. Estaba decidida a ser mujer

Eso fue lo que sucedió en el caso de María, nacida Mario. “Fue su padre el que más tardó en comprenderlo”, explica la madre. Aunque reconoce que ella tampoco lo asumió alegremente: “Siendo sincera, si me hubieran dado a elegir no lo hubiera elegido nunca”, dice en presencia de la niña. “Porque piensas lo que va a sufrir tu hija. Que le va a costar más relacionarse que a otros chicos. Pero nunca me planteé que fuera algo raro. Y la sociedad no es nada avanzada. Importa mucho el qué dirán”, sostiene.

Protocolo de actuación

Pero, ya se ha dicho, los tiempos están cambiando. Este mismo mes, la Junta de Andalucía ha difundido en los centros educativos el primer Protocolo de actuación sobre identidad de género. “La manifestación en menores de disconformidad con su identidad de género puede suponer, en determinados casos, una situación de especial vulnerabilidad y llegar a provocar problemas de integración o de rechazo social, que en el ámbito educativo pueden desembocar en abandono o fracaso escolar, con la consiguiente repercusión negativa en el futuro personal y profesional", relata el protocolo. 

Asimismo, este documento de actuación sobre identidad de género señala: "Los centros docentes adoptarán cuantas medidas sean necesarias para la prevención, detección y erradicación de actitudes y prácticas que, de conformidad con la normativa vigente, manifiesten prejuicios sexistas, supongan discriminación, o estén basadas en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquier orientación sexual o identidad de género”.

María a veces le dice a su madre que le molesta “el bulto”. “Pues póntelo para atrás, hija”.

Serán los propios docentes los encargados de informar sobre conductas agresivas o discriminatorias, pero también se les asigna la tarea de facilitar a los menores y a sus familias la asunción de esta realidad personal:

“Cuando el tutor o tutora de un grupo, o cualquier miembro del equipo educativo del centro, observe en un alumno o una alumna menor de edad de manera reiterada y prolongada la presencia de conductas que manifiesten una identidad de género no coincidente con el sexo asignado al nacer, lo comunicará al equipo directivo del centro, el cual propondrá a la familia o representantes legales una entrevista con el profesorado que ejerce la tutoría, a la que podrá asistir el profesional de la orientación educativa en el centro, en la que se informará de los hechos observados, los recursos existentes en el ámbito educativo y externos al mismo, y la posibilidad de iniciar un proceso para identificar las necesidades educativas y determinar las posibles actuaciones a desarrollar en el centro, con el consentimiento expreso de la familia o representantes legales del alumno o alumna".

El protocolo continúa observado que "en los procesos de identificación y comunicación de la situación del alumno o la alumna transexual se observará en todo momento el máximo respeto a su derecho a desarrollar libremente su personalidad durante su infancia y adolescencia conforme a su identidad sexual y absoluta confidencialidad en relación con el contenido de las entrevistas e informaciones aportadas”.

Entre otras medidas, se respetará la vestimenta del niño según su elección y, para garantizar esa confidencialidad, toda la documentación del joven se adaptará al nombre por él elegido. También habrá una especial vigilancia en el entorno doméstico del menor “en aquellos casos en los que, a causa de la actitud del padre, la madre o el entorno familiar hacia la identidad de género del alumno o alumna, se detecte alguno de los indicadores de maltrato recogidos en la hoja de detección y notificación del Sistema de Información sobre el Maltrato Infantil de Andalucía”, concluye el protocolo.

Ninguna sensibilidad política

Para la madre de María es un avance, porque hasta ahora “no había ninguna sensibilidad política. Ni para bien ni para mal. Sencillamente, no estaban contemplados. No existían. Pero no es solo una cuestión política. Hay incluso pediatras que te dicen que solo es un capricho de la niña. Cuando, por ejemplo, María tiene desde siempre los mismos niveles de testosterona que cualquier mujer. A veces el rechazo no se produce por incultura intelectual. Es por incultura ética y moral”.

María a veces le dice a su madre que le molesta “el bulto”. “Pues póntelo para atrás, hija”. De momento, el tratamiento que recibe le ha detenido la pubertad hasta que pueda ser operada. Pero, asegura ella, ese es el único problema que tiene.

-¿Tú eres feliz, María?

-Sí, soy feliz.

Son felices, las crisálidas.