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"Me aplastaron la cara con la bota y me quemaron con un cigarrillo"

Secuestrado y torturado un fotógrafo de 'El Libertador', único medio afín a Zelaya que no ha sido cerrado

DANIEL LOZANO

"Salía de la redacción, a las 9.30 AM, para cubrir el cierre de Radio Globo. A tres cuadras, en la bajada de las Gradas de la Hoya, ya en el último escalón, se paró frente a mí un 4x4 rojo. Se bajaron dos tipos, vestidos de civil, con pasamontañas y me agarraron. Me obligaron a subir pistola en mano, me esposaron y me encapucharon". Delmer Membreño habla con la voz del que se creyó sentenciado a muerte. Estamos en la redacción de El Libertador, el único medio afín a la Resistencia que no ha sido cerrado por el gobierno golpista. No ha sido amordazado, de momento. Pero sí amedrentado. Y de qué forma.

Delmer, de 29 años, forma parte del equipo del periodista Johnny Lagos desde hace unos meses. Previamente trabajó en los grandes periódicos del país y también un año en la Agencia Efe. Su relato recuerda los desmanes cometidos por los escuadrones de la muerte en Centroamérica. "Eran cuatro y me colocaron en medio, detrás. Los tipos eran altos, complexión atlética. Viajamos durante una hora. No podía hablar por el terror. Pensé que me mataban. Dimos un giro y entramos por un camino de tierra. El coche paró".

"No lo mate", dijo el secuestrador. "Mejor avise al director del periódico y dígale que sus hijos no tendrán tanta suerte" 

-¡Bájalo! ¡Fuera el pasamontañas! Quiero verle los ojos cuando mate a este ñángara [izquierdista].

"Me quitaron la capucha y el que hablaba me colocó el cañón de su pistola en la frente. Me decía ¡llora, llora, ñángara! Entonces intervino otro".

-No lo mate. Mejor que avise al Johnnycito [Johnny Lagos, director de El Libertador]. Y dígale que sus hijos no tendrán tanta suerte [dos de sus hijos también trabajan en el periódico].

Lagos asiste al relato de su fotógrafo con ojos atónitos. Ha ordenado a sus redactores que incrementen las medidas de seguridad y no les permite salir a la calle solos. Anoche durmieron otra vez en colchones tirados en el suelo. Hace horas recibió una llamada de alguien que se identificó como militar. Y en buen tono, sin amenazar, le conminó a que tuviera cuidado, "mucho cuidado".

Delmer prosigue su relato. De vez en cuando se mide la nariz, con el tabique nasal desviado, y el hematoma que crece de forma inexorable en su ojo derecho. Se acaricia las muñecas, marcadas a sangre por las esposas. Asegura que las quemaduras no le molestan. Difícil creerle.

"Tras las amenazas, me golpearon, un puñetazo fuerte, y me tumbaron en el suelo. El de la pistola me aplastó la cara con su bota, contra el suelo. Me quemó tres veces en la cara con un cigarrillo. Me arrancaron la camisa, me repartieron golpes y también me quemaron varias veces en el pecho y en los brazos. Al rato me levantaron y me encapucharon. Me subieron al carro y circulamos durante unos minutos. Hasta que uno de ellos ordenó que me bajaran. Me quitaron los zapatos y los calcetines. Y no me devolvieron el equipo de fotografía del diario, valorado en 5.000 dólares. Me abandonaron en el kilómetro 35 de la carretera de Olancho".

Membreño no es el único. El Gobierno de Guatemala también denunció el lunes ante la OEA que militares hondureños detuvieron y golpearon a dos periodistas guatemaltecos en Tegucigalpa durante el toque de queda. Y la Federación Internacional de Periodistas sacó a la luz la agresión Agustina Flores, de Radio Libertad. Un médico forense levantó acta de las heridas de Membreño, que ha presentado denuncia ante la comisión de Derechos Humanos.

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