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Media hora de emoción y adrenalina en el paso del fuego de San Pedro Manrique

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Alrededor de dos mil quinientas personas han vivido media hora de emoción y adrenalina en la noche de San Juan, en el popular paso del fuego de San Pedro Manrique (Soria), donde veinticinco pasadores han cumplido con esta tradición secular.

Un año más, en la noche más corta del año, la emoción, la alegría y la adrenalina se ha disparado en San Pedro Manrique, pueblo soriano enclavado en la comarca de Tierras Altas, en el norte de la provincia.

El presidente del Congreso, Jesús Posada, ha encabezado la comitiva de personalidades e invitados en la noche más corta del año que, para San Pedro Manrique, es la que más fama internacional le ha dado.

Los hijos de San Pedro Manrique han traspasado a medianoche, en número de veinticinco, las brasas encendidas, solos o mayoritariamente con alguien querido a cuestas, como lo hacen cada año desde antiguo.

En esta ocasión, la sorpresa la ha dado Elena, la única joven mujer en cruzar la alfombra de fuego, en seis pasos, un hecho del que su familia se ha enterado en ese mismo instante.

Como es tradición, el paso del fuego se ha abierto con las móndidas Janire, Silvia y Ana Luz a las espaldas de los pasadores.

Posada ha recordado a EFE que vivió esta fiesta por primera vez en 1983 y, desde entonces, ha regresado en varias ocasiones y en una de ellas, siendo presidente de la Junta de Castilla y León, le cruzaron a las espaldas la alfombra de fuego.

"Es un acto verdaderamente emocionante que cada vez que lo ves, impresiona más; y todo el mundo reconoce que merece la pena mantener y difundir", ha declarado.

Por su parte, el alcalde sampedrano, Jesús María Celorrio, que también ha pasado el fuego, ha subrayado que esta fiesta hay que vivirla y ha asegurado que se celebra desde siempre en esta localidad serrana, aunque un año tuvo que cambiar el habitual escenario del anfiteatro de la ermita de la Virgen de la Peña por la plaza del Coso, ya que se cayó la torre de la citada ermita.

Para no quemarse en este camino de brasas se ha dicho y escrito de casi todo en la historia, desde que el secreto reside en pisar fuerte para no dejar oxígeno y evitar la combustión hasta que la clave está en contener la respiración, pasando por la concentración y la fe.

Esta celebración ancestral, que cuenta con la declaración de interés turístico nacional, tiene muchas interpretaciones para los expertos, aunque la mayoría coincide en que se trata de un rito iniciático para lograr la inmortalidad a través de la hoguera purificadora.

El paso del fuego es protagonizado desde siempre por hijos de este pueblo serrano, que repiten, cuando se les pregunta, "que los de fuera se queman".

El público, que este año ha abarrotado todavía más las gradas de la ermita de la Virgen de la Peña, al coincidir la noche de San Juan con el fin de semana, ha ido accediendo al recinto dos horas antes del inicio del paso del fuego.

En este tiempo, han podido comprobar como los horguneros, con la única ayuda de una vara de madera de cinco metros, han ido preparando con dedicación y paciencia la lengua de fuego, formada inicialmente por una pila de leña de roble que, durante su puesta a punto, llega a alcanzar los 1.200 grados de temperatura y ya, en pleno festejo, desciende hasta los 400 grados.

La alfombra de fuego es de diez a quince centímetros, por seis metros de larga, una distancia que los pasadores, con sus pies descalzos, cruzan en cinco, seis o siete pasos.

El paso del fuego ha estado presidido, como marca la tradición, por las móndidas, tres jóvenes sampedranas elegidas por sorteo entre las mozas casaderas, que serán las protagonistas del día de San Juan y que, según los estudiosos, representan el recuerdo de la abolición del Tributo de las Cien Doncellas tras la derrota musulmana.