Estás leyendo: El mejor antidivo del mundo

Público
Público

El mejor antidivo del mundo

Messi piensa y ejecuta las jugadas con una rapidez imposible

XAVIER HOSTE

Los genios del fútbol, como los grandes artistas, sobresalen por su singularidad. Son, además de creativos, distintos. Les diferencia una excelsa inspiración, un don especial para saber ser brillantes en los instantes de mayor dificultad.

Leo Messi , referente del Barça más triunfal de la historia, está entre ellos. Su gol de cabeza en la final de Roma, dibujando un vuelo casi imposible, va a suponer la consagración de este joven de Rosario, tímido y humilde, admirado por su regate e improvisación, por sus goles espectaculares, pero también por una sencillez nada frecuente en una estrella. Sólo le faltaba demostrar el carácter para brillar en los grandes momentos, lo que hizo en Roma, para desbancar a Cristiano Ronaldo del trono de mejor jugador del mundo.

Messi ha sido una de las claves del Barça para conquistar el triplete. Ha marcado 23 goles en 31 partidos en la Liga, y es justo que 12 de los 20 directores deportivos de Primera le hayan reconocido como el extranjero más destacado del campeonato. Está por encima de los mejores, en un nivel superior.

Puede que nadie como Samuel Etoo definiera mejor las virtudes de este joven argentino, nacido para serpentear con el balón a una velocidad de vértigo: "Hace cosas que nadie ha hecho nunca. Es un jugador que nos hace soñar". Etoo, rival de Forlán por el Pichichi de la Liga y la Bota de Oro, viene a reconocer que Messi compite en otra categoría, la de aquellos que embellecen el juego, crean espectáculo y son el fútbol en estado puro. De la mano de Messi, el Barça sigue sumido en un sueño interminable.

El arte de Messi reside en su velocidad. Es lo que detectó Charly Rexach cuando le descubrió y le llevó a La Masia, adonde llegó con 12 años. Es una sorpresa adivinar por dónde será capaz de zafarse de sus marcadores, cuando inicia la aceleración con la pelota pegada al pie, pero mirando al horizonte.

Piensa y ejecuta las jugadas con una rapidez imposible, prodigio de técnica y habilidad que son en él genéticas, naturales. Difícil intuir hasta dónde puede llegar con esas virtudes y una personalidad al servicio del grupo, porque, además, Messi nunca se esconde. Lo que más sorprende en la estrella del Barça es ese marcado antidivismo, su voluntad de huir premeditamente de los focos. Y siendo, como es, el protagonista del juego, cómo acepta asumir cualquier sacrificio que le exige el equipo. A esa maduración personal está contribuyendo Guardiola. Y contribuirá a dar aún más frutos.

Estrella al servicio del grupo, generoso y genial a la vez, Messi camina hacia el Olimpo de los mejores de la historia, en la estela de Di Stefano, Pelé, Cruyff o Maradona. Explotar su talento es otro de los privilegios del Barça de Guardiola para encadenar el mayor ciclo de éxitos de toda su historia.

Más noticias de Política y Sociedad