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Mendoza dice que Fráncfort está "llena de llorones" con "contratos de futbolista"

EFE

El escritor Eduardo Mendoza ha opinado hoy que la literatura pasa por un momento "de calma chicha", pero que "sí que se lee mucho" aunque libreros, editores y escritores "se quejen", y ha añadido que la Feria del Libro de Fráncfort está estos días "llena de llorones" que tienen "contratos casi de futbolista".

En una rueda de prensa en Toledo, uno de los actos del décimo aniversario de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, el escritor catalán ha considerado que en tiempos donde "en cada habitación hay una tele" se sigue leyendo bastante y los jóvenes acuden a las bibliotecas.

Mendoza ha recordado que sus dos primeras novelas ("La verdad sobre el caso Savolta" y "El misterio de la cripta embrujada") ofrecieron junto a otras de su época -la transición a la democracia en España- "otra forma de ver el papel de la literatura".

Así, ha señalado que la Transición ofreció "momentos irrepetibles" y ha agregado que "afortunadamente", ya que "esos subidones no se aguantan mucho tiempo".

Los ha comparado con la "etapa de calma chicha" de ahora, pero ha añadido: "con la crisis veremos qué pasa".

Mendoza ha dicho que la novela en la Transición fue "nueva, oportuna", y que coincidió con las primeras películas de Almodóvar, con jóvenes al mismo tiempo "preocupados y despreocupados".

De su último libro, "El asombroso viaje de Pomponio Flato", Mendoza ha asegurado que tanto él como su editor (Seix Barral) se han visto sorprendidos por el éxito comercial logrado.

"Los grandes 'bestsellers' siempre son sorpresas para autores y editores, (...) aunque existan muchas fórmulas lo que pase siempre es inesperado", ha dicho Mendoza antes de señalar que muchos "libros interesantes tienen una vida discreta" e indicar que su editorial fue una de las que rechazó "Cien años de soledad" de García Márquez.

Su última obra surgió al ocurrírsele la idea de "un 'thriller' histórico" de los "de moda", pero con "los personajes del belén".

Para no desaprovechar esa idea recurrió como "lector asiduo de los clásicos, sobre todo romanos", a la "sabiduría y grandes disparates" de los historiadores y científicos de entonces, como Plinio el Viejo y su "Historia natural".

"En un verano de tumbona y chancletas lo acabé", ha explicado Mendoza, quien asegura: "Hacer un libro es un trabajo largo, del que escribirlo es sólo una parte".

El escritor barcelonés, de 65 años, ha dicho que ya está escribiendo otras historias, porque es para él "una necesidad biológica", pero que no sabe si se editarán o quedarán a medias "en un armario".

Ese armario con obras inacabadas, según Mendoza, suelen tenerlo lleno muchos escritores, por eso cuando se mueren no dejan de publicar.

"Cada vez escriben peor los muertos", ha ironizado Mendoza sobre las sucesivas obras póstumas publicadas con apuntes hallados por los herederos de los escritores, y ha añadido que "tampoco de los muertos se puede esperar mucha marcha".

Le Clézio, el último premiado con el Nobel, fue leído por Mendoza "hace muchos años" y aunque le pareció "interesante" y no tenía "nada en contra", ha dicho que "no deseaba seguir leyéndole".

La decisión de la Academia sueca es "muy difícil" porque "no es un dios todopoderoso", ha apuntado Mendoza, quien ha mostrado más satisfacción por los también recientes galardones a sus "buenos amigos" Millás (Nacional de Narrativa) y Savater (Planeta).

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