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Era todo mentira: desmontan el bulo de la cuidadora okupa que quería a echar a una anciana de su piso 

Daniel Esteve, dueño de la empresa Desokupa, pone en marcha una campaña contra una joven inquilina de origen marroquí a sabiendas de que ella no ha echado a ninguna anciana de su hogar.

okupación
Agentes de la Policía Nacional entran en un edificio de la calle José Garrido que estaba okupado, a 20 de julio de 2021, en Madrid. Jesús Hellín / Europa Press

A veces la verdad no basta. Y a veces no se quiere oír porque, sencillamente, no interesa. Es el caso de Daniel Esteve, dueño de la empresa Desokupa, y de un bulo urdido interesadamente para acosar a una joven migrante. 

La historia, que ha destapado El País, tiene como protagonistas a la señora Carmen, de 89 años, y a su inquilina marroquí. Como secundarios, aunque con creciente peso en la trama, nos topamos con la familia de Carmen y el ya referido Daniel Esteve.

El escenario es un piso muy próximo a la Plaza Mayor de Madrid, un viejo inmueble que concitó el interés de la prensa cuando se vislumbró un jugoso titular, a saber; que una pobre anciana había perdido su piso a manos de una desalmada cuidadora, que para más inri era de origen marroquí.

La historia no era real, dicho de otro modo; estábamos ante una trola con fines aviesos

Un detalle que no pasó desapercibido para el secundario Esteve, que ha tenido a bien atizar el odio al inmigrante sin ningún tipo de pudor a través de sus redes a sabiendas de que el titular hacía aguas por todos lados. La historia no era real, dicho de otro modo; estábamos ante una trola con fines aviesos.

Por partes. Carmen, en efecto, vivía en un piso ubicado sobre uno de los soportales de la calle Toledo, pero no era la propietaria del mismo, sino su arrendataria desde hace unos 75 años. Al ser un piso de renta antigua, Carmen paga una mensualidad de 121,5 euros, siempre con la condición contractual de que no subarriende el piso.

Es ahí cuando entra en escena la joven inquilina, que le pagaba a Carmen un alquiler de 400 euros desde enero de 2017 por una de las dos habitaciones de la vivienda. Por tanto ni okupa ni desalmada, simplemente una inquilina que llegó de Marruecos con la intención de estudiar Filología Hispánica en Madrid.

La trama se complica, especialmente para la anciana y su familia, cuando ésta se va del piso para vivir con su hermano Teodoro y la propietaria del piso, en una aparición estelar, descubre que en el buzón de la vivienda aparecía el nombre de la joven marroquí. Fue entonces cuando la estudiante pasa a convertirse en la prueba viviente de una ilegalidad.

Esteve no dudó en echar mano de amenazas xenófobas, buscando de esta forma amedrentar a la joven

Una ilegalidad que podría hacerles perder a Carmen y su familia un alquiler de lo más ventajoso. Una ilegalidad de la que era conocedor Daniel Esteve porque así se lo comunicó personalmente la Policía. Pero este singular justiciero, a sueldo de la familia de Carmen, prefirió no asumir la verdad y poner en marcha los rudimentos de lo que viene siendo el acoso y derribo a la joven inquilina.

Para ello no dudó en echar mano de amenazas xenófobas, buscando de esta forma amedrentar a la joven. Un modus operandi que ya ha implementado en otras ocasiones y que, no en vano, le ha permitido obtener alcanzar cierto éxito a través de su empresa.

Cuando la verdad es lo de menos

Llámalos bulos, fake news, desinformación o postverdad pero al final es lo mismo: mentir como un bellaco. Son los bulos. Cuando se empieza a desmentir uno, ya están con otro nuevo. Quizá sea muy fácil identificarlos para ti, pero para mucha gente no y por eso algunos están siempre difundiéndolos en una rueda constante: porque les sale rentable.

Retransmisiones en directo, entrevistas con propietarios y vecinos, la okupación parece copar los medios y por lo general lo hace con notable alarmismo. La intención parece obvia, a saber; criminalizar la pobreza. En ocasiones, en realidad se trata de un conflicto entre un arrendador y un arrendatario, pero aún así lo tratan informativamente como una ocupación. El fin parece claro, convertir la okupación en una amenaza, no olvidemos que el miedo da votos.

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