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Las mentiras de Mister Franco

Cultura termina de restaurar los telegramas con los que el dictador confundía a la prensa inglesa

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'Burgos. 29 de abril de 1937. Fugitivos vascos cuentan espantados tragedias de villa como Guernica, quemada y destruida por fuego intencionado de los rojos cuando nuestras tropas hallábanse más de quince kilómetros de distancia. Indignación tropas nacionales es grande por calumniosas maniobras rojos que, después destruir fuego sus mejores ciudades, intentan culpar aviación nacional cuando ésta solo persigue objetivosmilitares'(sic).

Este es un fragmento de uno de los miles de telegramas que el bando franquista envió durante la Guerra Civil a su embajador en Londres, el duque de Alba, JacoboFitz-James Stuart y Falcó, para que con ellos convenciera a la prensa inglesa de las bondades de los sublevados y evitar, de este modo, la intervención del Gobierno británico en favor de la República. Los mensajes, enviados por el cuartel general de Franco entre el 17 de noviembre de 1936 y el 24 de abril de 1940, fueron cuidadosamente ordenados por el duque de Alba en 25 tomos. Todos ellos permanecieron olvidados en Londres hasta comienzos de 2006.

Fue el actual ministro de Cultura, César Antonio Molina, que entonces dirigía el Instituto Cervantes cuya sede en la capital británica había sido el último cobijo de la documentación, quien ordenó su envío a Madrid, ante el temor de que se perdiera definitivamente. Dos años después, y tras un cuidadoso proceso de restauración para evitar su deterioro, se han incorporado a los fondos del Centro de Documentación de la Memoria Histórica, en Salamanca, donde en breve estarán disponibles para los investigadores.

Los telegramas, a los que ha tenido acceso Público, son algo más que una sucesión de partes de guerra triunfales de Franco y su equipo. En muchos de ellos se insiste en los tópicos que el régimen franquista mantendría durante los 40 años de dictadura: el asesinato de '17.000 sacerdotes', el robo del 'oro del Banco de España', la 'barbarie' de los milicianos, la huida de Azaña cargado de joyas o la destrucción de Gernika a manos de los republicanos...

Este suceso histórico es, de hecho, mencionado en varios de los telegramas que desde el cuartel de Burgos enviaron al duque de Alba para que intentara silenciar las noticias que del ataque de la aviación alemana sobre la villa vasca empezaban a aparecer entonces en la prensa internacional. 'Indignación nuestras tropas ante bárbaras destrucciones aumenta su espíritu para liberar pueblo vasco de verdaderos verdugos', se lee en un telegrama del 30 de abril.

En otro telegrama, del 3 de mayo, y tras quejarse del eco que la masacre comenzaba ya a tener en la prensa inglesa y francesa, incluso carga contra esta, a la que critica que 'guarde silencio cuando en Madrid, bajo la presidencia del Gobierno rojo, miles de inocentes están siendo asesinados'. Líneas después, vuelve a insistir en su teoría de que la destrucción fue obra de la 'habilidad incendiaria de los dinamiteros' republicanos.

Una mentira que mantendrá durante toda la guerra. Así, en un telegrama del 7 de mayo de 1937, asegura que el gobierno rojo continúa con 'bárbaros atentados y bombardeo poblaciones abiertas que no constituyen objetivos militares. Hoy fue bombardeada Zaragoza (...) Cayeron muchos muertos (y) heridos, totalidad mujeres y niños'. Más de un año después, continuaban la misma línea informativa: 'Burgos. Diciembre 1938. Los rojos siguiendo su criminal táctica de bombardear poblaciones civiles han volado sobre Córdoba arrojando varias bombas que cayeron en un barrio popular donde ocasionaron 8 muertos y 10 heridos. Todos paisanos'.

La obsesión de Franco por lo que publicaba la prensa extranjera se mantuvo incluso cuando la guerra ya estaba decantada a su favor. Por ello, el 4 de marzo de 1939 un tal 'Pascual' enviaba a su embajador en Londres el siguiente mensaje: 'Preocupados artículos Mundy Daily Mail. Vigilalos telefoneándome impresión escribo'.

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