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"Mi madre me dijo: Tienes que vivir"

Cuatro víctimas infantiles de conflictos armados cuentan su experiencia

D.B.

Son de diferentes generaciones, nacieron a miles de kilómetros unos de otros y hablan cuatro idiomas diferentes, pero tienen el mismo brillo en los ojos cuando recuerdan el momento en el que, siendo niños, tuvieron que separarse de sus padres por culpa de una guerra. Herminio Martínez (español de 80 años), Sally Perel (alemán, de 84), Zlata Filipovic (bosnia, de 28) y Edwin Tholle (sierraleonés, de 22) relataron ayer en Madrid su experiencia.

'¿Me separaría yo de mis hijos como lo hicieron mis padres? Siempre he tenido esa duda. No lo sé. Mi hermano no tiene ninguna. Sufrió tanto por no poder volver con mis padres que asegura que no lo haría', recuerda Herminio. En 1937, con apenas 10 años, embarcó desde Santurce (Vizcaya) hacia Southampton (Inglaterra) junto a otros 4.000 niños. Iba para unos meses, pero nunca volvió. Su padre fue encarcelado y su madre se quedó sin recursos. 'Los británicos no nos querían. Estaban más preocupados en apaciguar a Hitler', señala.

Sally Perel escucha atento a Herminio. Los culpables de los conflictos que les tocaron sufrir, la Guerra Civil y la II Guerra Mundial, fueron cómplices. 'Yo escuchaba los discursos de Hitler en la radio cuando tenía ocho años, pero un niño no le presta atención a los políticos, tiene una maravillosa facilidad para defenderse', recuerda. Sally huyó a Polonia de la persecución antisemita nazi. Tras la invasión alemana, los padres de Sally le encargaron a él y a su hermano que huyeran al Este. 'Mi padre, muy religioso, me dijo que nunca renunciara a lo que soy, judío, y que Dios me protegería. Mi madre me dijo tres palabras que no olvidé jamás: Tienes que vivir'. Sally siempre recordó aquel mensaje materno y acabó en las Juventudes Hitlerianas, ocultando su religión, para salvar la vida.

Otra judía, Anna Frank, relató en su famoso diario el sufrimiento judío. Zlata Filipovic escribió otro histórico relato a los 11 años. 'Yo era una niña como podría ser una española de hoy. Pensaba que esas cosas sólo le pasaban a los niños de los países pobres de Asia o África. Después me di cuenta de que en los años noventa también había guerras', explica la joven, que estuvo dos años confinada en su propia casa. Allí se inventó un amigo imaginario y describió todos los bombardeos sobre Sarajevo en lo que después sería un famoso relato: El diario de Zlata.

El más joven de estos niños de la guerra fue, ayer, Edwin Tholle. A los 11 años, era sargento. Consiguió huir, pero asegura que mucha gente en Sierra Leona todavía odia a los niños que, como él, mataron a sus familiares.

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