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Mickey Rourke: "No puedes pagarte el alquiler con batallitas del pasado"

Ahora sí: Rourke resurge en 'El luchador', el papel más importante de su carrera y el que podría darle su primer Oscar

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Randy The Ram Robinson nos enseña su cogote durante los primeros minutos de El luchador. Lo seguimos, con su respiración entrecortada, a sabiendas de que a quien acompañamos es a Mickey Rourke, un cuerpo marcado por el daño y las operaciones, por los años de ostracismo, de violencia y soledad.

El luchador es la película de Darren Aronofsky, que barrió en la pasada Mostra de Venecia, y que con mucha probabilidad, y si Brad Pitt, Sean Penn, Richard Jenkins y Frank Langella se lo permiten, le dará el domingo a Rourke el primer Oscar de su carrera. Realidad y ficción se confunden en este relato clásico de la caída de un hombre duro. ¿Dónde acaba Randy y empieza Rourke? Mañana, su estreno aclarará algunas incógnitas. Por el momento, el propio Rourke se encarga de contarlo.

Un largo y extraño viaje hasta aquí.

Sí, un largo y extraño viaje, sí.

¿Cómo se preparó para físicamente?

Fue un proceso físico de unos seis meses. Tenía que ganar kilos, pero la cuestión no era coger grasa, sino musculatura. Al principio pensé: 'Bien, tengo que comer'. Pero no puedes comer de todo, y de todas formas, engordas porque comes seis o siete veces al día. Por no hablar de las interminables sesiones de gimnasio. Fue un infierno.

¿Cuánto tiempo duró el entrenamiento?

Seis meses. Tres veces al día. Estaba a las órdenes de un un ex miembro de los comandos especiales del ejército israelí, que, además, había sido campeón de artes marciales en Israel. Necesitaba a alguien que fuera disciplinado. Alguien que no me besara el culo. No quería un entrenador al que le pudiera decir: 'Hoy no me siento con ganas de trabajar'. Era la persona correcta: se lo tomó de un modo personal.

¿Cómo de personal?

Una mañana empezó a llamarme al hotel tras faltar a mi cita en el gimnasio a las 8:30. Yo estaba en la cama. Había trasnochado y no contestaba las llamadas. Así que el tío se presentó en el hotel y empezó a aporrear la puerta. Me levanté en pelotas y busqué algo para taparme, con la esperanza de que se cansara y se acabara pirando. Pero el muy capullo bajó a la recepción y consiguió la llave. Así que allí estaba yo, tirado en la cama, y el tío gritándome: '¡Ayer saliste hasta las putas cinco de la madrugada! Lo sé'. En efecto, el tío sabía hasta el más mínimo detalle de mis movimientos nocturnos. Así que, tras repetir la jugada un par de veces, me dijo: '¿Qué pinta quieres tener cuando estrenen la película?'. Y consiguió ponerme las pilas.

¿Cuál ha sido la reacción de los luchadores que han visto la película?

Rowdie Roddy Piper, un icono de la lucha en los ochentas, estuvo en uno de los primeros pases. ¿Qué te ha parecido la película?, le preguntó Darren Aronofsky. Hubo un silencio de segundos hasta que dijo: 'Sí, tengo un montón de cosas que decir'. Nos dimos cuenta de que estábamos ante un momento decisivo: alguien que no era del equipo, cuya vida tenía que ver con el protagonista, iba a dar su opinión. Nos regaló los oídos. Más tarde, en el backstage, se puso sentimental, y fue duro escucharle hablar sobre cuando te das cuenta de que el cuerpo no da más de sí, y tampoco sabes cómo buscarte la vida.

¿Cuál es su situación ahora en la industria?

Muy extraña. Pero es un dolor agradable. Estuve 13 años en el banquillo. Tras 10 años así, empiezas a perder la esperanza y te preguntas: 'Tío, ¿será cierto que tu tiempo ha pasado, como dice todo el mundo?' Además, vives en Los Ángeles, donde todos te lo recuerdan cada puto día. Estás comprando tabaco y detrás de ti hay una cola de cinco personas. Siempre hay algún imbécil que no puede evitar decir: 'Oye, tú no salías en'. Oh, joder, dame mi tabaco y déjame salir de una vez. Pero el tipo sigue: '¿Qué pasó contigo? ¿Por qué no volviste a trabajar?'. Lo escuchas 24 horas al día, siete días a la semana. Nueve semanas y media, El corazón del ángel ¡Esas películas son de hace un montón de tiempo! Es como cuando te encuentras un luchador que no deja de hablar de un combate pasado. Uno no puede pagarse el alquiler con las batallitas del pasado.

¿No tenía la sensación de que su resurrección estaba a la vuelta de la esquina?

No después de tantos años. La fiesta se había acabado.

No obstante, hubo momentos en los que parecía que su carrera volvía a coger aire, como al participar en Sin City.

Sí, sucedieron pequeñas cosas. Sean Penn me ofreció un cameo en El perdón. Stallone me vio una noche en un restaurante, cuando apenas podía pagarme un plato de pasta, y me colocó en Get Carter. Tony Scott también me contrató para Domino y Robert Rodríguez para El mexicano. Ha sido un lento camino de regreso. Haces cualquier cosa para sobrevivir. Vendí todas mis motos. Y eso que llegué a tener nueve

¿Qué motos tenía?

Todo tipo de Harleys.

Y, ¿cree que este es definitivamente su regreso?

Bueno, es curioso porque todo el mundo habla de ello, pero cuando has estado sin trabajar durante un buen tiempo, una década más o menos, empiezas a estar un poco cansado de esa historia. Quiero decir que vengo de un momento en que me comporté todo lo mal que pude. No le rendía cuentas a nadie, no era responsable, no era profesional. Me comportaba así porque tenía una mecha ardiendo dentro de mí, que no podía apagar, y no tenía la sabiduría para saber cómo hacerlo hasta que empecé a entender por qué era como era. Pensé que podía cambiar en un año, en año y medio. No me daba cuenta de que me iba a tomar 10 años de trabajo duro. Antes no sabía lo que eran las consecuencias. Antes no había reglas.

¿Significa algo para usted que se le tenga entre los favoritos para el Oscar?

Por supuesto, significa mucho.

Entonces, finalmente lo consiguió.

Sí, cuando empezaba a recuperarme le escribí a Springsteen una carta. Durante mis años perdidos no hablamos. Soy afortunado por tener quién me dé consejos para cambiar. En cambio, Randy no tiene la capacidad o la información para saber cómo cambiar. Su perspectiva es vivir en la jodida miseria en ese trailer, y servir ensalada de col.

¿Qué relación tiene esa frustración con la secuencia del supermercado?

Es exactamente eso. Recuerdo una vez que en Los Ángeles, después de haber vendido un par de motos para pagar el alquiler, me di cuenta de que ya no tenía más que vender. Pensé que podría probar a conseguir un empleo en la construcción, en algún lugar donde nadie pudiera reconocerme. Llamé a un amigo para saber si conocía a alguien. Me dijo: 'Mickey, estoy ocupado. No tengo tiempo para tu mierda'. ¡Dios! Recuerdo que me dije: 'Ni siquiera puedo conseguir eso'. Fui afortunado cuando hace siete años, cuando no tenía agente, conocí por casualidad a David Unger de ICM. Se lo curró, sobre todo teniendo en cuenta el riesgo que corría, cogiendo a un tipo con mi reputación. Es como Billy el Niño, que no mató tanta gente como dicen. Pero, sí, era malo.

¿Le llueven las ofertas?

Tampoco eso. Hice daño.

Y, ¿qué tal su libro?

¿Qué libro?

El que va a escribir.

No sé escribir, cariño.

Pero ha escrito guiones, sí sabe escribir.

Pero tienes que escucharlo dentro de una película. Verás no utilizo nada que se parezca a un ordenador. Llaman a mi teléfono, el dinosaurio.

¿Qué hay de su familia?

Mis perros son más importantes que mi familia.

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