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Mileuristas de élite en el planeta de Blume

Botella, sexto en Londres, cuenta la vida de un gimnasta

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En el país de Joaquín Blume, los gimnastas son mileuristas. Lo es, incluso, Rafa Martínez (1983), cuyo talento se ha comparado tantas veces al de Blume. En 2007, fue campeón de Europa de suelo; en 2004, quinto en los Juegos de Atenas y, en 2008, décimo en los de Pekín. Su beca, sin embargo, es de 15.000 euros anuales, sin Seguridad Social. Y ahora esa cantidad bajará porque, en los Mundiales de Londres, Rafa no se clasificó para la final. A los 25 años, ha aprendido que 'este deporte es así' . A no ser que uno tenga una biografía extraordinaria, como Carballo o Deferr, la barrera de los 1.000 euros es casi como una religión. Es el precio de la vocación.

Isaac Botella (1984) también se agarra a esa idea, aunque hoy es un poco más feliz. El domingo fue sexto del mundo en la categoría de salto. Al fin, superó la octava plaza de los Juegos de Pekín y del anterior Mundial de Sttutgart, lo que significa que este año ya no cobrará 15.000 euros. 'Cada puesto que he mejorado significa unos 6.000 más'. Y, aunque es gente muy vocacional, los gimnastas no viven del aire. Máxime cuando amenaza la necesidad. 'Hace dos meses, me compré una casa, que se lleva unos 800 euros mensuales de hipoteca', dice.

Botella está acostumbrado a que su madre, 'secretaria judicial', y su padre, 'dueño de una empresa de repuestos de automóviles', le ayuden. Sin embargo, un joven que se machaca tanto no quiere pedir dinero. 'No he ganado medalla, pero he sido el sexto de los 200 gimnastas que empezamos el Mundial'. Cada día se entrena entre seis y siete horas.

La beca de un gimnasta ronda los 15.000 euros sin Seguridad Social

Cada mañana se levanta y no puede ni andar. Sus articulaciones están muy machacadas. 'A mí me han operado de los dos hombros, pero Rafa, por ejemplo, ya lleva nueve cirugías'. ¿Acaso compensa? Sergio Muñoz, de 20 años, también se ha hecho esa pregunta. Él fue 19º en la final de concurso completo y entiende que 'no se pueden pedir imposibles'. 'No tenemos publicidad ni competiciones en las que se nos paguen fijos como a los atletas. En la gimnasia, hay muy poco dinero', lamenta Muñoz. Por eso él considera esta etapa como 'la coronación de un sueño'. 'Sé que el día de mañana me ganaré la vida detrás de una cámara. He estudiado Formación Profesional en la rama audiovisual', revela.

Algunos comparten piso y dan clases para redondear

Los gimnastas, en todo caso, no son mileuristas al uso. Viajan y compiten por medio mundo. Y hay un momento en el que se sienten dueños de la historia. 'Mis saltos nunca son demasiado difíciles y siempre son limpios', señala Botella. 'Es un paso más para Londres 2012'. Pero su vida no cambiará: 'Me he acostumbrado a ahorrar'.

Es más, radiografía su crónica diaria: 'Rafa Martínez y yo vivimos juntos en una casa que se compró él en Móstoles. Para no estar solo, me ofreció compartir piso con él. Y allí, los que limpiamos, cocinamos y vamos a la compra somos nosotros'.

Pero como su economía va tan ajustada, Isaac ha buscado otros ingresos: 'Entre semana, doy una clase extraescolar de gimnasia en el colegio San Patricio, en La Moraleja'. Allí, precisamente, viven deportistas que, como él, son de élite y ni mucho menos están entre los seis mejores del mundo. Pero Isaac ni lo piensa, porque 'entonces sería peor'. En el país de Joaquín Blume, los gimnastas de élite son mileuristas, como los teleoperadores o como los agentes de movilidad... La diferencia es que ellos sí negocian con la gloria.

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