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Millet y Montull, una sociedad ilimitada

La red corrupta llegó a disponer de hasta 11 inmobiliarias para el desfalco

ALBERT MARTÍN VIDAL

Bonoima, Vista Puerto, Reimi Habitatges, Set Hermani, Inmointerna y Aurea Rusula. Son los exóticos nombres de las inmobiliarias de los responsables del saqueo del Palau. Entre el ex presidente del Orfeó, Fèlix Millet, su director administrativo, Jordi Montull, y sus mujeres, Marta Vallès y Mercedes Mir, llegaron a tener seis sociedades dedicadas a la compraventa de inmuebles. Si se le añaden las sociedades a nombre de terceros con las que según el fiscal operaban el número se eleva a 11. Eran empresas minúsculas comparadas con Agrupació Mútua, que Millet presidió entre 2006 y 2009 y que el viernes fue intervenida por el Ministerio de Economía, pero decisivas en el enriquecimiento de la trama.

El saqueo del Palau, según la Fiscalía y las cartas de autoinculpación de Millet y Montull, necesitaba de estas sociedades pantalla algunas de ellas cerraron a finales de 2006 utilizadas para descapitalizarlo con facturas sin justificación real. El modus operandi de los autores de delitos de apropiación indebida y falsedad documental es calificado por distintas fuentes de "chapucero" y requería de un centenar de cuentas corrientes en entidades vinculadas al Palau de donde se extrajeron hasta 2,3 millones de euros en billetes de 500 euros. Además, se ordenaban pagos a sus propias empresas: durante 2008 y 2009 se desviaron de esta forma 1,71 millones de euros.

Ni las hijas de Millet y Montull ni los tesoreros poseían compañías dudosas

Una de las empresas investigadas es Bonoima. De ella Millet cobró un bonus de 529.334 euros como recompensa por la "financiación extraordinaria" que obtuvo para el Palau en su día y cuenta en la actualidad con un capital social de 2.651.191 euros. Similares manejos hizo Montull a través de Aurea Rusula embolsándose 212.333 euros.

Pero Millet y Montull también utilizaron empresas a nombre de terceros para su desvío de fondos. La inmobiliaria Belfort Baix, según el fiscal, cobró del Orfeó 682.915 euros el 22 de julio, un día antes del registro del Palau, y en marzo hizo una ampliación de capital de 2,8 millones seis meses después de ser constituida con 300.000 euros. Tiene como administrador único a Jordi Pujadas, que también aparece en la empresa Febrero Marzo. La compañía, de compaventa de inmuebles, fue utilizada por Montull para comprar un local por 80.000 euros, alquilarlo al Orfeó y después venderlo por 160.000 euros. Pujadas también figura como administrador de Na Ponsa, Puxal Inversions y Valsen Catalunya, que contó con un capital inicial de 352.000 euros al crearse en 2005.

La trama del saqueo del Palau también utilizó empresas a nombre de terceros

A este entramado se añade Aysen Produccions 46, constituida en enero y a través de la cual Millet cobró 228.416 euros. En teoría se dedicaba a realizar informes de poca utilidad. Por uno de ellos, sobre "el impacto de la celebración del centenario del Palau en las instituciones catalanas y asesoría en la gestión de su cierre", se facturaron al Orfeó 107.151 euros. Bonoima facturó otros por más dinero.

Ni Gemma Montull, hija del ex director administrativo y cerebro de la trama, ni Clara Millet, hija del principal acusado y que trabajaba en el Palau, tienen empresas investigadas. Tampoco los dos tesoreros imputados.

El yerno de Millet está vinculado a la sociedad que lastró la Agrupació Mútua

Quien sí figura en el entramado es Laia Millet como consejera de Reimi Habitatges. Su marido, Xavier Rafart, aparece también en ella y es el apoderado de otra, Optio Consultores y Asesores. Además, fue nombrado en 2008 subdirector general de AMCI Habitat, inmobiliaria de la Agrupació Mútua, que presidía su suegro. Esta sociedad sería la causante del bache de la aseguradora. Al colocar a su yerno, Millet explicó que necesitaba a alguien "de confianza".

Por ahora, sólo Millet, Montull y Gemma Montull son responsables penales del saqueo. En el caso de Marta Vallès y Mercedes Mir está por ver si son acusadas de tener responsabilidad penal. Sería el precio de pertenecer a una familia tan emprendedora como corrupta.

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