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La muerte del policía en El Palmar (Cádiz) aviva el debate sobre la seguridad en las playas

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La muerte de un policía que trataba de ayudar a dos bañistas en apuros en El Palmar (Cádiz) ha conmocionado a los usuarios de esta playa casi virgen, en pleno inicio de la temporada de verano, y ha avivado el debate sobre la necesidad de reforzar las advertencias sobre las corrientes marinas.

José Ortiz, alcalde de Vejer de la Frontera, a cuyo término municipal pertenece El Palmar, ha dicho hoy a Efe que la muerte del policía Carlos Calderón Arias, de 33 años, "ha conmocionado" a los vecinos y usuarios de esta playa.

En su opinión, el accidente tiene que servir para lanzar "un mensaje de responsabilidad" a administraciones y usuarios de zonas de playa que, como en la que ocurrieron los hechos -conocida como La Mangueta- tienen corrientes peligrosas y están alejadas de zonas urbanizadas.

Tanto este municipio, en el que las banderas ondean hoy a media asta, como el sevillano de Alcalá de Guadaira, donde el policía residía desde hacía seis años y trabajaba, han decretado un día de luto oficial en señal de duelo por el fallecimiento del agente, que se encontraba fuera de servicio cuando ocurrieron los hechos.

El secretario de Estado de Seguridad, Ignacio Ulloa, impondrá esta tarde en Sevilla al agente la Medalla de Oro al Mérito Policial a título póstumo que le ha concedido el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.

Este acto se celebrará tras una visita a la capilla ardiente, en la sede de la Jefatura Superior de Andalucía Occidental de Sevilla, donde su cuerpo será velado por sus compañeros.

Carlos Calderón, que estaba libre de servicio y se encontraba con su mujer en la playa, desapareció poco después del mediodía de ayer tras arrojarse al mar para auxiliar a dos personas, una de ellas un buzo, que pidieron ayuda porque debido a las fuertes corrientes no podían regresar a la orilla.

Horas después, sobre las 17.30 horas, su cuerpo fue localizado por la Guardia Civil a unos 400 metros del lugar donde se le vio por última vez.

En la playa de El Palmar abundan sólo los carteles que advierten de la prohibición de jugar a la pelota o de tener perros en la arena y escasean los que pueden advertir de la peligrosidad de las corrientes, que además apenas son visibles por los grafitis que han dibujado encima.

"La gente tiene que ser consciente de dónde va", recalca el regidor, que recuerda que los servicios de playa no pueden cubrir las 24 horas ni todos los rincones, y apunta que, tras este hecho, el Ayuntamiento valorará poner carteles para advertir a los usuarios de la existencia de corrientes marinas, que pueden ser peligrosas incluso en un día como el de ayer en el que esta circunstancia no se traducía en un visible oleaje.

En esta playa estaban hoy consternados tanto la profesora de surf que ayudó a salir del agua a los bañistas en apuros como uno de ellos, un buzo que ha contado a Efe cómo ayer, al sentir que no podía regresar a la orilla de ningún modo por las corrientes, alzó el brazo y lo agitó, una señal que significa que necesita ayuda.

"El policía debía conocer esa señal", ha indicado para contar después que él logró agarrarse a una boya y decidió no moverse de ahí, mientras que el agente no llegó a hacerlo. "Le perdí de vista con las olas".

La profesora de surf, muy conocedora de lo traicioneras que pueden ser ahí las corrientes, le pidió a un compañero que llamara a la Cruz Roja y cogió una tabla, un remo y chalecos salvavidas antes de lanzarse al agua. Con ello logró rescatar a los bañistas, pero no al agente, que desapareció en el agua.