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La mujer que contaba chistes verdes a Eva Perón

Aurora Venturini desembarca en España, después de más de 30 novelas, con Las primas, una obra delirante sobre una familia disfuncional de clase media argentina. La escritora compartió su vida con Evita, Camus, Sartre, Cort&a

FEDERICO PEÑA

"¿Viene a entrevistarme antes de que muera? Si es así, le aseguro que asistiré a su entierro vestida de colores". La escritora Aurora Venturini (La Plata, Argentina, 1922) es ácida como la cáscara de un limón y tan divertida como su novela Las Primas. A cada ocurrencia, ríe bajito. Lo hace prolongadamente. Sus ojos, dos esferas que cuelgan de un hueso descarnado, lo escrutan todo. Su lengua es afilada,sin filtro.

Como Las Primas (que publica en España Caballo de Troya), que en 2007 ganó el premio Nueva Novela de Página/12 "por la singularidad de su estilo", según determinó un jurado compuesto por buenos conocedores de la novela moderna, como Rodrigo Fresán y Alan Pauls. Cuando abrieron plica no daban crédito: una octogenaria había escrito un intenso monólogo faulkneriano de una persona algo retrasada, que tenía a Eva Perón como íntima amiga.

"Las primas soy yo. Y una soy yo. Todos los personajes que aparecen existieron, aunque estén ficcionados. No hay mérito a la imaginación, no es original. Es que en mi familia no éramos normales. Casi todas éramos retardadas o deformes, incluida yo, que era medio autista", asegura a Público en su casa de La Plata.

Los ingredientes para cocinar Las Primas siempre han estado ahí, al alcance de su mano: una infancia hostil, marcada por el abandono de un padre jugador y de una madre maestra que la culpó por la muerte de un hermano y de quien recuerda "palizas descomunales"; el despertar sexual y el "sesoral" (sexo oral); la deformidad, la locura y el desamor filial.

Por eso le tomó menos de dos meses escribirla. "Me salió de un tirón", reconoce. Las Primas no sólo le ha traído el éxito a Venturini. También varios dolores de cabeza y deseos de muerte. Es que cada personaje sabe quién es. "Yo recreé el molde, la atmósfera. Toda mi familia puede reconocerse. Pero la peor de todas, sin dudas, es Yuna (la propia Venturini), porque es la que observa y cuenta. Hay que desconfiar de los que observan, te desnudan el alma y no te perdonan nada", reconoce.

Licenciada en Psicología, Venturini trabajó en el Instituto de Menores de La Plata. Así conoció a Eva Perón, otra mujer que se hizo a sí misma. "Lo primero que me dijo fue "¿qué necesitás?". Fue amor a primera vista. "Era la mujer más buena y sencilla del mundo. Perón la hizo sufrir mucho", dice Venturini. Intervalo. Silencio. La autora retoma: "Trabajamos mucho para ayudar a que progresaran los chicos con deficiencias. Muchos han sido médicos o profesores".

Aurora, una mujer autónoma en un mundo machista, mantuvo la amistad con Eva incluso cuando vino a Europa. Una relación que quedó truncada por la muerte de la madre de los descamisados a los 33 años de edad. "Hoy tendríamos la misma edad. Fue la única muerte que lloré. Ni a mi marido Fermín Chávez (el historiador) ni a mi otro esposo los lloré. A Eva y a mi perrita, sí. Cuando estaba muriéndose me pedía cuentos verdes para reírse y reducir el dolor", recuerda Venturini.

Pero su regreso fue efímero. La Revolución Libertadora "Libertadura", según ella misma, que derrocó a Perón en 1955, la torturó para sacarle una información que, dice, "nunca tuve". "Me electrocutaban, me pegaban y me pisaban los dedos de los pies con los borceguíes hasta que se escuchaba el ruido de los huesos. Un alto mando me reservó para él. Me fui para que no me mataran. Pero no quiero hablar de eso", esquiva.

La cara le cambia al hablar de su encuentro con los existencialistas. Los admira y recrimina: "Todos los autores somos repulsivos. La obra es un encanto, pero las personas somos otra cosa".

Una vez acomodada, Simone de Beauvoir empezó a encargarle trabajos. Así fue como tradujo a Rimbaud y así comenzó la convivencia con "los grandes". Fue una época de mucho trabajo. Nada de extrañar. "Nunca tuve raíces. Nunca me regaron tampoco", ríe, con un dejo de tristeza.

El recuerdo brilla en sus ojos. Sobresalen las juergas y el descontrol parisino sazonado con mucho licor Pernod. "Camus era un jodón y, al mismo tiempo, una biblioteca andante recuerda. Para mí la literatura latina empieza con él. El libro que más me gusta y divierte es La náusea".

El legado de Sartre no se queda ahí. "Jean Paul y Simone andaban juntos por la calle, pero no se comprometían. El único compromiso era con la pluma y las ideas, no con las personas. ¡Qué enseñanza! Traté de aprender de todos ellos. Leí, releí y aprendí. El solo hecho de estar rodeada de esa gente te hace esforzarte para no perder el tren y tener al menos una ínfima parte de su talento", explica.

En París también hubo dos encuentros que Venturini no olvida. Uno fue una noche nevada. Un hombre grande como un oso estaba en un puente. Era Julio Cortázar. "Era un tipo triste, con aire melancólico. Se le podía encontrar de noche por los puentes", afirma. El otro encuentro fue con Perón. El general, exiliado en España, iba a París a comprar obras de arte. "Era un gran coleccionista. Son cosas que nadie sabe. Aquel día me costó reconocerlo en Saint Germain. Parecía un francés", recuerda la escritora.

Han pasado casi 50 años. Aunque Venturini mire al futuro como si tuviera toda la vida por delante, recorre sus recuerdos con precisión. Como su relación con Borges, de quien recibió el Premio Iniciación en 1951. "Borges era un inocente, un ángel que no pisaba el suelo. La madre era una bruja, la gorila. Él era gracioso, pero era un dominado. Me decía no mire a la pared que hay un monstruo, y había un cartel de Perón. Tenía humor inglés Borges", recuerdaentre risas.

Casi 40 libros más tarde Aurora toca el cielo. En todos esos años, tras todos esos libros, nunca una editorial grande. ¿Por qué? "La incomodidad ante el rechazo", explica Venturini, fue uno de los motivos. La imposibilidad, otro. "Ahora, Planeta quiere mis libros. Pero me acuerdo que en 1985 rogaba que me publicaran Nosotros los Caserta y nunca me dieron pelota. Ahora son ellos los que me buscan porque saben que vendo", asesta.

El caso de Las Primas es distinto. Es una novela escrita a golpes que se lee al galope, que Caballo de Troya no dudó en publicar en España. El libro corre sin freno por la prosa directa del relato contado por los ojos infantiles y crueles de su vengativa protagonista.

Con o sin editorial, Venturini avanza. "Sólo sé escribir. No he hecho otra cosa en mi vida. Soy malhumorada y si no escribo me pongo peor", dice y encoge los hombros. A los 87 años, la autora sólo sueña con una muerte frente a su máquina de escribir Olympia, con la que pasa ocho horas al día. Frente a ella lee a Público el comienzo de Yuna Riglos y las lunáticas, la continuación de Las Primas.

Detrás de esa Olympia está la muerte soñada. Pero por ahora Venturini la esquiva con humor. Tras una hora y media de entrevista deja en claro su seguridad acerca del largo recorrido que le queda por delante. "Tengo familiares que llegaron a los 120 años... Nadie se muere antes de los 80. Encima, el médico me dijo que tengo neuronas de 30. Y le mandé un correo al altísimo y me contestó que no me va a llevar por un buentiempo", bromea.

Eva Perón
Trabó amistad con la actriz y política que promovió el reconocimiento de los derechos de los trabajadores y de la mujer. Dormía con ella en sus últimos días y Evita le pedía cuentos verdes para animarse.

Familia retrasada
“En casa éramos todos retardados”, asegura Venturini una y otra vez hasta llevarlo al corazón de ‘Las primas’, con la que ha cruzado el charco editorial por fin, después de haber escrito más de una treintena de libros.

París mon amour
Con la Revolución Libertadora, que derrocó a Perón en 1955, y la torturó para sacarle una información, huye a París donde traba amistad con los existencialistas.

A mano y a máquina
Nada de ordenadores. “No quiero nada de eso”. Los teme porque dice ser medievalista. Todo lo hace a máquina de escribir eléctrica.

Un jurado alegre
‘Las primas’ tuvo un arranque de oro al ser la ganadora del premio Nueva Novela de ‘Página/12’. Es la “más original, más perturbadora, más enigmática, más misteriosa y crítica con los valores de todas las recibidas”, determinó el jurado de manera unánime sobre esta novela.

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