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Munar, la presidenta acorralada

La líder de Uniò Mallorquina, imputada por corrupción urbanística, logró convertir su partido en la bisagra perfecta en Illes Balears

SEBASTIÀ ALZAMORA

Sa princesa es el mote más difundido entre los muchos que ha recibido Maria Antònia Munar, uno de los personajes clave para entender la evolución de la política balear en la actual etapa democrática. Sin embargo, parece más oportuno llamarla simplemente presidenta. Munar ostenta actualmente la presidencia del Parlament balear, pero también ha presidido otras cosas y ninguna menospreciable. Por ejemplo, su propio partido, Unió Mallorquina (UM, en cuya fundación, aún jovencísima, estuvo presente), durante 18 años, y el Consell de Mallorca, máxima institución de autogobierno insular, por espacio de tres legislaturas, en virtud de sucesivas alianzas con las fuerzas de izquierdas o con el PP, según conviniera.

Ahora, la presidenta está triste porque ha sido imputada por la justicia debido a "indicios razonables" de prevaricación y uso indebido de información privilegiada entre otros presuntos delitos en el llamado caso Can Domenge, un oscuro tejemaneje de venta de suelo público a dedo. Con sus correspondientes beneficios, por supuesto.

Culmina de este modo ejemplar una carrera política tan fulgurante y longeva como dudosa y controvertida. Por definición, una presidenta no reina, pero puede tener un peso determinante en el trono, hasta el punto de convertirse en la autoridad que quita y pone reyes. Y a eso es a lo que ha dedicado Maria Antònia Munar su labor al frente de UM: a convertir su partido en la bisagra perfecta, exenta de toda cortapisa ideológica, que a pesar de (o gracias precisamente a) su escaso pero decisivo peso electoral ha terminado decidiendo quién ocupaba y quién abandonaba el Consolat de Mar (sede del Govern balear) después de cada cita electoral. Tampoco se puede descartar que siga haciéndolo después de la próxima, aunque por ahora es innegable que pintan bastos: Munar imputada; Miquel Nadal, su fracasado delfín en la presidencia de UM, imputado; Miquel Àngel Flaquer, el actual presidente de la formación, imputado bajo fianza de 385 millones de euros... Es obvio que han soplado vientos más favorables para Munar y su UM.

Simultaneó el populismo para gobernar su pueblo natal y el clientelismo al frente del Consell

Tiempos como los de la prolongada alcaldía de Costitx, pueblo natal de Munar, que simultaneó con toda naturalidad con la presidencia del Consell. En Costitx, un pueblo diminuto arrinconado en el Pla de Mallorca, en el centro de la isla, Munar ejerció el populismo; al frente del Consell, el clientelismo. Esa doble y muy honorable línea de gestión, unida a una innegable habilidad política para ir poniendo simultáneamente una vela a Dios y otra al diablo, procuraron a Munar una tupida red de complicidades políticas y sociales, y un amplio margen de maniobra que ella siempre supo aprovechar sin reparo alguno. Y con la complacida anuencia del Dios de las izquierdas aglomeradas y del autosuficiente diablo del PP, dispuestos ambos a consentir a lo que hiciera falta con tal de acomodar sus posaderas en los asientos del poder.

Y así, en el Costitx de su infancia, se llegó a construir un moderno observatorio astronómico, mientras, desde la presidencia del Consell, se desarrollaban conceptos tan interesantes como el de las "autovías sostenibles": verbigracia, la que Munar hizo construir entre Palma y Manacor, definida así en contraposición a las insostenibles y evidentemente depredadoras autopistas que, desde la cúspide del Govern balear, ordenaba Jaume Matas, por entonces su socio de gobierno.

En su incombustibilidad, se advierte algo gatuno en Munar. Y los gatos caen siempre de pie

Precisamente la encendida rivalidad que se cimentó nunca mejor dicho entre Matas y Munar a lo largo de su alianza durante la pasada legislatura y que llevó a cada uno de ellos a duplicar todo tipo de iniciativas para no ser menos que el otro (desde premios literarios hasta infraestructuras, pasando por emisoras de televisión), constituye seguramente la mejor explicación para el enésimo viraje de UM y su posterior pacto con la izquierda tras los últimos comicios. Matas y Munar se ven ahora imputados por sendos escándalos de corrupción: Palma Arena y Can Domenge, respectivamente.

Por su parte, la timorata y fragmentada izquierda balear no está en condiciones de decir ni pío, siendo como ha sido, y por muchos años, cómplice de las artimañas munarescas: en Baleares, como en todas partes, la corrupción no es ningún rasgo privativo de la derecha. El tópico aconseja esperar acontecimientos: en su incombustibilidad, se advierte algo gatuno en Munar. Y los gatos, ya se sabe, caen siempre de pie.

El presidente del PP balear, José Ramón Bauzà, defendió el “derecho” a la presunción de inocencia de la presidenta del Parlament, aunque deberá dimitir y así lo exigirán los conservadores, si el juez del ‘caso Can Domenge’ adopta medidas cautelares. El portavoz del PP en el Parlament, Francesc Fiol, consideró que la imputación de la presidenta de esta institución y la de otros diputados en diversos casos de supuesta corrupción “deteriora” el clima de “confianza política” entre los ciudadanos. Tras descartar que su formación vaya a pedir un adelanto electoral, aseguró que el “reproche moral” hacia determinados políticos “sólo tendrá su verdadero fundamento cuando se produzcan sentencias condenatorias”. Se da la circunstancia de que buena parte de la veintena de políticos imputados por corrupción en las islas en los últimos meses militan en el PP. El portavoz del Bloc, Biel Barceló, pidió, por su parte, una “reflexión” a Uniò Mallorquina sobre si Munar debe dimitir de su cargo.

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