Este artículo se publicó hace 19 años.
El musical "Once", premiado por el público de Sundance, llega a los cines

Premiada por el público en la pasada edición del Festival de Cine de Sundance, llega esta semana a las salas españolas "Once" (Una vez), un musical "al estilo de los años 40" del irlandés John Carney protagonizado por Glen Hansard y Marketa Irglova, quienes presentaron el filme en Madrid.
"Once", que se estrena el miércoles, es una película pequeña, de algo menos de 90 minutos de metraje, rodada en dos semanas y con 120.000 euros de presupuesto, pero que ha conseguido el favor de la crítica internacional, que la califica como "mágica", así como tres millones de dólares de recaudación sólo en Estados Unidos.
"Es una historia mágica porque parece real, algo que agradece el público en un mundo cada vez más falso en el que la palabra autenticidad brilla por su ausencia", afirmó Hansard en una entrevista con Efe.
El propio protagonista, un afamado músico en Irlanda -líder de la banda The Frames- que dejó sus estudios a los 13 años para cantar en la calle, define su película como "una historia muy simple entre un músico callejero y una inmigrante checa que se comunican a través de la música y que viven un romance que nunca se llega a consumar".
En principio, Glen Hansard iba a participar en "Once" componiendo los temas de la banda sonora y ayudando en la construcción del guión a su amigo John Carney "con algunas anécdotas" de su etapa como "músico callejero en las calles de Dublín", además de haber propuesto a su amiga checa Marketa Irglova para el papel de la protagonista.
Sin embargo, dos semanas antes del comienzo del rodaje, Cilliam Murphy, el por entonces protagonista, decidió abandonar el proyecto para participar en la última cinta de Danny Boyle, "Sunshine".
"John Carney me llamó para decirme que ya no había película porque no había actor, y sin Murphy tampoco había dinero", asegura Handsard, por lo que decidió ofrecerse como protagonista porque, al final, se había acabado pareciendo bastante a él, mientras que lo del dinero lo solucionaron "pidiéndole unos 30.000 euros a un amigo".
"A Carney le pareció bien porque prefería una película con cantantes que medio interpretaran que con actores que medio cantaran", asegura el protagonista.
Al final, la película resultante poco tiene que ver con el guión original, ya que, como comenta Hansard, "casi se ha convertido en un documental sobre nosotros mismos, porque hay escenas en las que realmente no actuamos".
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