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La NASA abre el camino a la Luna

Hoy se lanza la sonda LRO, que buscará agua y recursos útiles para el futuro establecimiento de una base habitada

DANIEL MEDIAVILLA

La NASA pretende regresar a la Luna y se plantea instalar una base permanente a partir de 2020. Hoy, a las 23.12 (hora peninsular española), desde Cabo Cañaveral (Florida), la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) y el explorador kamikaze LCROSS partirán hacia el satélite para convertirse en los primeros de una serie de exploradores que prepararán el retorno.

El recurso esencial para los astronautas en la Luna será el agua. Sin una atmósfera que la retenga, no debería existir sobre la superficie del satélite, pero se cree que en los profundos cráteres de los polos, donde no ha llegado el sol durante cientos de millones de años, aún hay reservas de hielo. Dos misiones de la NASA de los 90 registraron indicios de que en el fondo de esos cráteres había hidrógeno, pero no está claro si ese hidrógeno formaba parte de moléculas de agua o no.

LRO cuenta con varios instrumentos para estudiar las regiones polares y tratar de determinar si realmente hay agua helada. Pero si LRO no fuese capaz de dirimir las dudas, LCROSS podría hacerlo. Esta sonda suicida se separará de LRO justo después del lanzamiento y quedará, unida a la segunda etapa del cohete Atlas V en el que se realizará el lanzamiento, en órbita polar alrededor de la Tierra. Esta órbita se cruzará con la de la Luna el próximo mes de octubre y entonces, después de elegir el cráter adecuado, LCROSS lanzará contra él la segunda etapa del cohete y fotografiará el impacto. Si hubiese hielo en su interior, la sonda podría detectarlo en la columna de residuos provocada por el impacto. Rápidamente, LCROSS enviará la información registrada a la Tierra y cuatro minutos después se estrellará también contra la superficie lunar. Este segundo impacto, igual que el primero, podrá ser observado y analizado por telescopios terrestres.

La presencia de hielo en la Luna facilitaría mucho la exploración del satélite y su utilización como base para preparar el asalto a Marte o a otros objetivos del Sistema Solar. Cada kilo de material que se envía al espacio cuesta unos 15.000 euros. Por reducida que fuese la cantidad de agua utilizada en la base, el ahorro sería ingente. Además, el hielo lunar no solo serviría para producir agua. Con él también se generaría el aire que respirarían los colonos e incluso el oxidante necesario para el combustible de los cohetes.

Además de buscar agua, LRO contará con instrumentos capaces de realizar los mapas topográficos más precisos hasta la fecha de la superficie lunar. Los responsables de la NASA podrán así encontrar un lugar óptimo para el aterrizaje de los módulos lunares y para la instalación de una base permanente.

LRO contará también con un telescopio capaz de medir los niveles de radiación cósmica sobre la superficie del satélite. Este tipo de rayos son uno de los obstáculos más importantes a la hora de plantear una presencia prolongada de humanos en el espacio, lejos del escudo protector de la atmósfera de la Tierra.

Para completar la información sobre el mundo que deberán colonizar los astronautas, LRO realizará un mapa detallado de las temperaturas sobre la Luna. Estos parámetros sufren grandes variaciones dependiendo de si se toman medidas en regiones iluminadas por el Sol o en sombra.

Por último, las detalladas imágenes de LRO con una resolución de hasta 50 cm permitirán acabar de una vez por todas con las dudas que aún puedan persistir sobre la llegada del hombre a la Luna. En la cámara de la sonda que parte mañana quedarán inmortalizados los restos de las misiones Apolo o las sondas rusas de exploración.

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