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Nicolas Roeg se burla del miedo del cine a su futuro

El vanguardista director británico defiende las películas ajenas a la gran industria

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Nicolas Roeg se ríe. Se ríe de sí mismo, de la exagerada duración de su primera respuesta durante la entrevista, que luego compensa con un 'no' a secas en la segunda. Pero también se ríe a gusto de alguna que otra pregunta que le parece más bien chorra y, en general, de cualquier situación chocante a su alrededor. A sus 81 años, el polémico y vanguardista director británico, inspiración declarada de vacas sagradas del cine contemporáneo como David Lynch, Quentin Tarantino, Guy Ritchie y Steven Soderbergh, gestiona su estatus de gurú con excelente humor.

Y, sobre todo, Roeg se ríe de los miedos del cine (o de su industria): miedo al agotamiento, al futuro. Miedo a Internet. 'La industria intenta controlarlo, pero el cine escapa y explota en todas direcciones', afirma. Roeg, que además de realizador de cintas de culto como Walkabout (1970) y Contratiempo (1979) ha sido director de fotografía de Doctor Zhivago y Farenheit 451, también se relame ante el ocaso de los formatos tradicionales: 'Tu nieto preguntará por qué lo llamábamos filme y tendrás que explicarle que esa técnica de la película sensitiva ya no existe. Eso es fantástico'.

'Muchos críticos sólo miran al pasado. No quisiera ser arrogante, pero siempre se me ha tenido por una persona visionaria, que mira adelante', dice. Esta clarividencia, su vocación de explorar formas narrativas ajenas al patrón lineal, explica que Roeg sea una eminencia en círculos cinéfilos y un desconocido para el gran público. Tampoco ha colaborado a su fama el hecho de que excluya de su concepto libérrimo del cine cualquiera de los intereses de la industria, así como el desfile de vanidades del star system. 'El marketing importa demasiado', resume.

¿No le hubiera gustado ser un director de taquillazos? 'Es como preguntarme si me gustaría haber ganado la lotería', responde Roeg, que preside el jurado del Festival de Cine Europeo de Sevilla. Una excepción, a tenor de sus reticencias hacia la parafernalia festivalera. 'En uno me rechazaron una película por rara... ¡y al año siguiente me llamaron para ser jurado!'. ¿En cuál? Roeg hace el gesto de la cremallera en la boca.

Su carrera, más que por los títulos de relumbrón, se distingue por rarezas míticas como Performance (1968), protagonizada por Mick Jagger, o El hombre que vino de las estrellas (1976), con David Bowie. Una curiosa elección de protagonistas. 'Más que cualquier cosa, lo importante para actuar es la verdad que una persona tenga dentro... Jagger y Bowie eran normales y corrientes, pero sabían actuar porque tenían verdad dentro', afirma.

Vuelve el hombre al que Oprah Winfrey no le compraría un coche de segundo mano. James Frey (Cleveland, 1969) tenía 34 años cuando publicó su primer libro, las memorias Un millón de piezas (2003), donde contaba cómo sobrevivió a sus adicciones. La autobiografía vendió 3,5 millones de ejemplares gracias a la entusiasta recomendación del club de lectura de la popularísima Winfrey.

La luna de miel finalizó bruscamente cuando se descubrió que Frey se había inventado los detalles más escabrosos de su biografía (por ejemplo, donde decía que había pasado 87 días en la cárcel por atropellar a un policía mientras conducía ciego de crack, debería haber dicho que una vez pasó 5 horas en una comisaría por una leve infracción). Oh, horror. Frey había engañado a América y Winfrey no podía consentirlo: le llevó a su programa de televisión para abuchearle en directo y sólo le falto le faltó solicitar una orden de alejamiento para que Frey no pudiera acercarse a menos de 500 metros de una máquina de escribir.

América repudió a Frey. Pero en lugar de venirse abajo, el escritor se creció con el castigó. La venganza, en forma de libro se llama Una mañana radiante (Mondadori, 2009), trata sobre la ciudad de Los Ángeles y comienza con la siguiente advertencia: 'Nada de lo que se dice en este libro debe considerarse exacto o fiable'. ¿Vuelve Frey a tomarnos el pelo? 'Con esta nota quería decir a todas las personas que se enfadaron conmigo por lo que hice que iba a seguir haciéndolo. Quería desafiarles desde la primera línea del libro. También quería que fuera muy difícil averiguar qué partes del libro eran ciertas', contó a Público sobre una novela que mezcla la historia de varios personajes con extractos de noticas históricas sobre Los Ángeles, algunas salidas de las hemerotecas, otras de la febril imaginación del novelista.

Frey cree que la mayoría de los libros y películas sobre Los Ángeles se centran en 'un aspecto determinado de su cultura, como Hollywood o la delincuencia', pero él quería 'englobar toda la ciudad. Los pobres, los ricos, los negros y los blancos'.

Pero aunque el escritor señala que la estructura coral del libro tiene que ver la peculiar geografía californiana ('Los Ángeles es una ciudad sin centro. No ha crecido a partir de un punto determinado sino que cientos de puntos independientes se han expandido al mismo tiempo. Para contar la historia de la ciudad hay que mezclar varias modos de narrar'), no puede evitar desviarse una y otra vez hacia el corazón de la mentira. 'Quería mimetizar mi cultura. Vivimos en una época en la que nos bombardean con información. Es difícil distinguir si los políticos y los medios de comunicación nos cuentan hechos o ficciones'. Es decir: quién esté libre de pecado que tire la primera piedra. Amén.

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