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"No cometí falta alguna"

La catalana, que no llegó a celebrar el título, califica la decisión de los jueces de injusta

I. ROMO

Natalia tardó en aparecer en la zona mixta, ese extraño espacio en el que los ganadores se abrazan a los periodistas y los perdedores avanzan cabizbajos, sin hablar. Pero Natalia ayer no era ni lo uno ni lo otro. Nadie sabía si había ganado o había perdido. Ella, en esos instantes, tampoco.

En estos Mundiales muchos atletas han conocido la cara más injusta del deporte. Uno de ellos fue Rafa Iglesias, el corredor de maratón, que metió el pie en una hendidura del asfalto y se rompió el gemelo. La segunda ha sido Natalia, que protagonizó una carrera excelente, con un percance que le ha arrancado una medalla de oro. Justo, pero doloroso.

La tarraconense apareció tarde, con lágrimas en los ojos. Acababa de enterarse de que había sido descalificada aunque aún no se sabía si la reclamación de España iba a ser estimada, que no lo fue, finalmente. Nadie le preguntó nada. Tampoco hizo falta. Ella comenzó a hablar. "Yo tengo la conciencia muy tranquila porque sé que he corrido bien y no he hecho ninguna falta. No soy una atleta que arriesgue".

Rodríguez justificaba su actuación en la existencia de un hueco, que la etíope Burka había dejado por el interior a falta de 250 metros. "Yo vi el hueco y decidí atacar por ahí. Entonces, ella se cerró para que no pasara, me sacó fuera de la pista, hubo un poco de forcejeo y ella cayó y eso es todo", señaló la campeona de España.

La mediofondista explicó su decisión de no dar la vuelta de honor. "La verdad es que yo iba a darla pero escuché algún silbido y era un poquito desa-gradable. Si la doy, me apedrean. Me acerqué a consolar a la etíope porque me sabía mal por ella".

La búsqueda del hueco interior se ha convertido en una peligrosa costumbre entre las españolas. El viernes, en semifinales, fue Nuria la que maniobró por dentro pero con un buen resultado. Miguel Mostaza, el mánager de más prestigio en el atletismo español apuntaba ayer en el Olympiastadion: "Estamos en unos Mundiales y aquí los jueces son estrictos. Todo lo que sea intentar pasar por el interior es siempre muy arriesgado". En el atletismo español, sin embargo, está muy presente el recuerdo de cómo Fermín Cacho cimentó su título olímpico ganando la calle uno por el interior en los Juegos de Barcelona92. Natalia también admitió que ese tipo de acciones interiores "son tácticas un poquito arriesgadas", para insistir después que "no había hecho nada malo". El momento de la caída le pareció trascendental a la española. "Si la caída hubiera sido antes, igual no pasa nada".

Respecto al desarrollo de la carrera, la tarraconense explicó: "Hasta la última vuelta iba colocada detrás y he visto de todo en el grupo, pero como ha pasado al final, eso es lo que vale". Desde su punto de vista, en la decisión del juez (alemán) influyeron las protestas de los otros países involucrados. Natalia rompió a llorar de nuevo cuando le preguntaron si el desenlace de la final era muy diferente al que había soñado. Cuando se recompuso, dijo: "Sabía que podía ganar, pero son cosas que pasan".

La catalana llevaba una temporada inmejorable. Ganó las tres carreras más importantes de la temporada con anterioridad a Berlín. En Málaga derrotó a Marta Domínguez en 3.000 metros, la distancia que domina la palentina. Semanas después volvió a vencerle en 1.500 metros, en Madrid. Por último, Natalia derrotaba a Nuria Fernández en los 1.500 metros de los Campeonatos de España.

Tras su maternidad en 2007, Natalia acudía a Berlín con un sueño. Ganar su primer gran título internacional y dedicárselo a su hija Guadalupe. La tarraconense comenzó muy bien los Mundiales, con una excelente actuación en las series eliminatorias y una soberbia lección de táctica en semifinales. Un empujón dejó fuera a su principal rival. Y a la propia Natalia.

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