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Una novela de amor con traje espacial

El escritor Rodrigo Fresán publica 'El fondo del cielo'

PEIO H. RIAÑO

Es el gran desafío de todo escritor, el reto que llega tarde o temprano: la novela de amor. Al menos eso reconoce haberse planteado Rodrigo Fresán (Buenos Aires, Argentina, 1963) antes de empezar a escribir El fondo del cielo, la novela que publica en Mondadori seis años después de su anterior libro, Jardines de Kensington. Pero, cuidado, porque no es una novela de amor al uso.

"Cuando se escribe una novela de amor, uno se mete en los sentimientos más profundos. En realidad no sé si El fondo del cielo es una novela de ciencia-ficción y se incorpora el amor o si la novela de amor empezó a incorporar elementos de ciencia-ficción".

"El amor puede ser E.T. o Alien", sólo hay que ver qué te toca

Para buscarle una calificación inmediata, el propio autor tiene una definición más que ajustada: "Me gusta definirla como una novela de amor con traje espacial".

Como en el libro, en las palabras de Fresán no falta humor e ironía, y compara el amor como "la gran invasión extraterrestre que sufrimos todos a lo largo de nuestras vidas es el amor". Más detalles sobre esta lúcida metáfora del amor: "Es algo que se te mete dentro, te hace ser otra persona, pensar de otra manera. Eres invadido y arrasado", y de hecho utiliza el guiño a Alien en un momento del relato cuando el personaje suelta algo parecido a un reproche por asumir que el amor se ha metido en su interior, se ha instalado en su pecho y lo ha hecho estallar todo. "El amor puede ser E.T. o Alien", sólo hay que ver qué te toca. Fresán nunca elegiría a E.T. como amor, pero quizás sí a Daryl Hannah en Blade Runner.

También es un libro con ciencia-ficción peculiar: mientras que los clásicos títulos del género se preguntan cómo será el futuro, lo que Fresán se pregunta es cómo fue el pasado. "Hablo de la desilusión con el futuro y la recuperación del pasado como territorio de la ciencia-ficción. El futuro dejó de ser lo que era", asegura. Un tanto melancólico, pero es que aprecia ese sentimiento. Ciñe la tentación apocalíptica a su talante mordaz y apunta que ya ni siquiera podemos pensar que nos van a salvar o nos van a destruir, porque de eso ya nos encargamos nosotros mismos. "¿Disparar un rayo y fundir la Antártida? Ya lo hacemos nosotros sin ningún tipo de problema" y sonríe.

"A la mierda las especificaciones técnicas de las naves espaciales"

"Los libros hay que sentarse a escribirlos, no hay que sentarse a contarlos". Además de la gracia y la diversión, Fresán reclama para el oficio el talante del estilo. Otro conflicto en el que se debate el autor en este libro es decantarse por la trama o por las ideas, y finalmente consigo un compendio de ambas, una trama de ideas. "Es que son los libros que me gustan, como En busca del tiempo perdido. Me gustan los libros en los que los pensamientos se funden con la acción, la reflexión con los actos y donde básicamente los libros suceden dentro de la cabeza de los personajes. Así les pasa a autores como John Banville, Nabokov...". Pero eso es algo contraproducente con un género como la ciencia-ficción, un género que se nutre de la acción más viva y palpitante.

Pero este es un libro que destila amor y cariño por la ciencia-ficción al tiempo que soporta una crítica cruel: "A la mierda las especificaciones técnicas de las naves espaciales, no me interesa la fauna y flora del planeta no sé qué. Son géneros que están muy exigidos por su propio formato", cierra con una nueva iluminación. "Por eso siempre he sentido un desprecio absoluto por Star Wars y su erótica del uniforme".

El fondo del cielo le gustó por resonancias a Bioy Casares, que son títulos que pueden significar cualquier cosa como La velocidad de las cosas. Es un lugar inaccesible, como el espacio del que habla, como el amor.

 

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