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Un oasis en mitad de La Mancha

El Parque Natural de Las Lagunas de Ruidera conforma un espectáculo de agua en el que el propio Cervantes situó algunos episodios de El Quijote.

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Con 15 lagunas, 3772 hectáreas de bosques y sabinares y una extensión de casi 25 kilómetros, el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera constituye todo un oasis en medio del entorno árido que lo rodea. Un gran espectáculo de agua en las estribaciones de la sierra de Alcaraz originado por las aguas del río Pinilla, entre Ciudad Real y Albacete. 

Ropa cómoda y buen calzado son los únicos requisitos para, desde Ossa de Montiel o Ruidera, acercarse a este espacio, en el que, como en un cuento de hadas y misterio, las lagunas se conectan mediante cascadas y emisarios subterráneos. Ruidera es un lugar especialmente adecuado para disfrutar con niños. Aunque lo ideal es visitarlo en verano, para disfrutar de un baño de fin de semana, la belleza de sus paisajes y el contacto con el medio natural son asimismo una buena opción para viajar con los más pequeños durante el resto del año. Además, fuera de épocas punta las lagunas pueden disfrutarse con mayor tranquilidad, apreciando en su justa medida la enorme diversidad de formas y colores que las caracterizan.

Niños y adultos se sentirán fascinados por la riqueza vegetal (más de ochocientas especies) y faunística de este espacio, poblado por rapaces, jabalíes, avutardas o caza menor. Y también, si así sabemos transmitírselo, por la veta literaria que este rincón privilegiado debe a la obra en castellano más universal: Don Quijote de La Mancha. Hasta el propio Cervantes se debió de ver fascinado por Ruidera, pues en la cueva de Montesinos, situada dentro del Parque, en la carretera hacia Ossa de Montiel, ubicó una de las escenas de las inolvidables aventuras de su caballero. Hasta la cueva se descolgó Don Quijote buscando aventuras y en la oscuridad de la sala en las entrañas de la tierra imaginó un palacio de cristal poblado de personajes encantados. Otro de los escenarios de la obra qujotesca es el cercano castillo de Rochafrida, construido en el siglo XII y cuyos restos nos hablan todavía hoy del carácter cuasi inexpugnable que en su día tuvo.

Además de la cueva y el castillo, otras dos paradas se hacen obligadas en Ruidera: una es la de una de sus lagunas más espectaculares, la de La Lengua, así llamada por su forma alargada, con 1400 metros de largo y 250 de ancho. Todo un prodigio en agua. En ella se abren las llamadas "cuevas de Madrid", donde en su tiempo se alojaron familias obreras mientras se construían las centrales eléctricas de Santa Elena y sus canales. El otro lugar en el que hay que detenerse es la Cascada del Hundimiento, que con casi veinte metros de altura conserva todavía las ruinas de los batanes que asustaron a Don Quijote y su fiel escudero Sancho Panza.


www.lagunasderuidera.net



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