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Obama ofrecerá en Copenhague reducir las emisiones de EEUU un 17 por ciento para el 2020

EFE

El presidente de EE.UU., Barack Obama, estará el 9 de diciembre en la cumbre sobre cambio climático de Copenhague, donde ofrecerá reducir las emisiones de su país en un 17% para el 2020 frente a los niveles del 2005, dijo ayer la Casa Blanca.

A diferencia de la mayoría de los 65 mandatarios que se prevé acudan al encuentro, Obama no participará en la ceremonia de clausura en la capital danesa los días 17 y 18.

Aun así su presencia en Copenhague fue bien recibida, al dar un necesario impulso a un proceso internacional carente de consenso a menos de dos semanas del arranque del evento.

"Creo que es crítico que el presidente Obama asista", señaló en conferencia de prensa en Alemania Yvo de Boer, secretario general de la Convención de las Naciones Unidas para el Cambio Climático.

"El mundo espera que EE.UU. presente un objetivo de reducción de emisiones y que ayude financieramente a los países en desarrollo", afirmó De Boer.

Similar opinión expresó el primer ministro danés, Lars Loekke Rasmussen, quien comentó que "la visita subraya el deseo del presidente de contribuir a un acuerdo ambicioso y global en Copenhague".

A estas alturas, Dinamarca es casi el único país que todavía alberga la esperanza de alcanzar un acuerdo vinculante en la cumbre.

El objetivo inicial de la conferencia era producir un nuevo tratado global sobre cambio climático para limitar las emisiones de gases invernadero que reemplazaría al Protocolo de Kioto, que expira a finales de 2012.

Ese convenio implicaría que las naciones desarrolladas se comprometerían a alcanzar ciertos objetivos para el año 2020 y que los países en vías de desarrollo aceptarían ralentizar el ritmo de incremento de sus emisiones.

Al mismo tiempo, las naciones ricas ayudarían a las más pobres a hacer frente a los desafíos climáticos.

Pero las esperanzas de lograr un acuerdo vinculante se han desvanecido en parte debido a la incertidumbre sobre lo que haría Estados Unidos, el país, junto con China, más contaminante del planeta.

Obama ha convertido la lucha contra el cambio climático en una de las prioridades de su mandato, pero la legislación para materializar los recortes de emisiones está atascada en el Senado.

La versión ya aprobada de la Cámara de Representantes, que deberá armonizarse con la que apruebe el Senado, propone recortar las emisiones alrededor de un 17 por ciento para el 2020 frente a los niveles del 2005, el objetivo propuesto hoy por Obama.

La Casa Blanca indicó ayer que el mandatario explicará en la capital danesa el camino a seguir para lograr su objetivo final de reducir las emisiones en un 83 por ciento para el año 2050.

La residencia oficial señaló que eso implicaría la citada reducción del 17% para el 2020, un recorte del 30% para el 2025 y otro del 42% para el 2030 que culminaría con el 83% en el 2050.

La Administración estadounidense aseguró que esos objetivos demuestran "una contribución significativa a un problema que Estados Unidos ha desatendido durante mucho tiempo".

EE.UU. es el último de entre más de tres docenas de países industrializados en fijar un objetivo de reducción de emisiones para las dos semanas de negociaciones que arrancan el 7 de diciembre.

La Unión Europea se ha comprometido a reducir sus emisiones en un 20 por ciento para el 2020 comparado con los niveles de 1990.

El Gobierno de Tokio ha dicho que reducirá sus emisiones en un 25 por ciento para el 2020 frente a los niveles de 1990, si otros países realizan promesas similares.

Estados Unidos utiliza como referencia el año 2005 y los expertos dicen que la reducción del 17 que baraja Obama equivaldría a tan sólo un tres por ciento si el referente fuese el año 1990.

Naciones en desarrollo como China han pedido que EE.UU. y otros países desarrollados reduzcan sus emisiones entre un 25 y un 40 por ciento en el 2020 frente a los niveles de 1990.

De Boer indicó que todos los compromisos conjuntos hasta ahora no alcanzan el nivel necesario para frenar el calentamiento del planeta.

"No hay tiempo que perder", alertó el alto directivo de las Naciones Unidas en vísperas de la que se espera sea una cumbre poco exitosa.

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