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El Off Cibeles pone en jaque a la pasarela oficial

Los diseñadores expulsados del certamen deslumbran en la cita alternativa

ÁLEX CARRASCO

Ayer, último día de esta 50 Edición de la Madrid Fashion Week, tras otorgarle un más que merecido Premio LOréal a la Mejor Colección a José Castro, lo que era una suposición terminó por convertirse en una realidad aplastante. El Off Cibeles, alternativa ideada para dar cabida a aquellos diseñadores que no tenían hueco o que habían sido expulsados del calendario oficial de la Madrid Fashion Week (MFW), al final ha terminado por poner en jaque a todo el certamen.

Incluso diseñadores con plaza fija en el muy remoto e industrial pabellón 14 de IFEMA, como Carmen March, David Delfín o Jesús del Pozo (que el lunes afianzó su renovación creativa y rejuveneció la firma), han decidido recurrir a sus estudios o a representativos enclaves de la capital para frenar en seco la cada vez más oscura sombra de lo impersonal. No se ha tratado sólo de lugares donde celebrar un desfile, sino de escaparates donde mostrar todo lo que sus nombres representan: el nutrido grupo de creadores que se han sumado a las filas del Off han aportado contenido, pero también un continente propio que camina en paralelo a la identidad de cada firma.

No es nada nuevo, París, Milán y Nueva York, capitales internacionales de referencia de la moda, no se entienden de otra manera. Hasta tal punto que las firmas y diseñadores que desfilan dentro de las infraestructuras comunes ofrecidas por cada uno de estos certámenes (como el Carrusel del Louvre en París), suelen ser las que menos peso y repercusión tienen. Como pasará en Cibeles si sigue esta tendencia.

El parche que la dirección del certamen ponía con este Off al final ha evidenciado todas las fugas que tiene el casco de la pasarela madrileña. También que nuestros diseñadores, a quienes había que dárselo todo hecho y bien pagado, son capaces de organizarse sus propias presentaciones sin tener detrás a mamá Estado.

Mientras esto sucedía fuera de la MFW, dentro se volvía a vivir una jornada desastrosa, peor incluso que la del lunes, y mira que era complicado Anke Schlöder y Krizia Robustella (antes una de las diseñadoras más gamberras y contestatarias de Cibeles) compartieron hora y destino: las dos han perdido fuelle hasta desinflarse del todo. De aquí en adelante continuó la hecatombe.

Por no hacer leña del árbol caído, tan sólo un apunte al caso más flagrante, el de Juana Martín. Desde que la cordobesa aterrizó y aterrorizó a Cibeles en 2006, sus colecciones han sido un desatino constante en formas, tejidos, concepto y confección. ¿Por qué continúa? La "cuota autonómica", o diseñadores metidos con calzador político, es otro de los males de este certamen. Sólo creadores con un talento y una sensibilidad especial para la moda, como Carlos Díez y El Delgado Buil, únicas excepciones del día, actúan como desfibrilador creativo de una pasarela que en su 50 Edición necesita más que nunca revisar sus cimientos.

 

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