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Las palabras claras de Philip Glass

El autor de la música de Las horas está de gira por España, y habla sin cortapisas de su vena popular y la experimental.

JESÚS MIGUEL MARCOS

Philip Glass es un bromista de cuidado. Nada que ver con las piezas austeras y repetitivas que solía pergeñar en sus inicios como compositor. Muy lejos de la dulce solemnidad de sus bandas sonoras más famosas. Dice Glass que más que ganar ese Oscar que aún se le resiste, lo que de verdad anhela, "por encima de todo", es obtener una cuarta candidatura. "Cada vez que me nominan, invito a un pariente. Sólo me queda llevar mi hermano. Así que con la cuarta nominación es suficiente", sostiene serio antes de lanzar una sonora carcajada.

El compositor de la banda sonora de Las horas está de gira por España. El jueves, toca en Burgos (Cultural Cordón); el sábado, en Gijón (Teatro de La Laboral) y el domingo, en Bilbao (Teatro Arriaga). Presentará composiciones en formato trío, para chelo, piano y percusión, que ha estado preparando durante los últimos dos años "y que nunca antes he tocado en España", adelanta.

Glass transita y eso es lo que más llama la atención en él con asombrosa gracilidad entre el mundo académico y el popular. Tiene un varita mágica y no esconde sus cartas: trabaja en tres clases de películas, las comerciales, las independientes y las experimentales. "En las primeras, la productora te va a presionar; en las segundas, será el director de la película el que te apriete las tuercas, mientras que en las terceras puedes hacer lo que te dé la gana", sostiene.

Estudió con Nadia Boulanger y trabajó con Ravi Shankar en París, pero pronto sus intereses se desplazaron de Mozart y Schubert a la nouvelle vague francesa, las composiciones de John Cage y, más adelante, la música pop. "El pop no es sencillo recalca Glass; siempre te encuentras con muchas cosas inesperadas. Hace un par de semanas, estuve trabajando con Pierce Turner, un cantante de Irlanda. El ritmo de sus canciones me estaba dando problemas: había una estrofa con diecisiete compases, algo que es muy poco habitual. Y él me dijo: vaya, no tenía ni idea. No es simple, tienes que entender su espíritu".

A sus 72 años, Philip Glass no tiene nada de músico loco encerrado en su torre de marfil. Mucho menos de jubilado. Encuentra su inspiración, dice, "en las colaboraciones con otros artistas".

Y lo explica: "La música surge de un encuentro en el que empiezan a ocurrir cosas inesperadas que no ocurrirían trabajando tú solo. Y eso provoca que tu música se desarrolle. Lo valioso es hacer cosas para las que no estás preparado".

 

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