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El pánico atenaza a la capital de México

El presidente Calderón confirma la muerte de 86 personas

SERGIO RODRÍGUEZ

Las calles de México DF están semivacías. El Zócalo, normalmente abarrotado de turistas, es un solar de fría piedra gris. Ni un alma. El Periférico, la autopista que desagua la urbe de vehículos, está despejada. Una estampa inédita para una ciudad siempre en movimiento. En México, sólo los hospitales viven una actividad frenética.

Personas angustiadas ruegan "ser ingresados" por urgencias. La mayoría no son admitidos. Chequean sus síntomas y les piden que regresen a sus casas. Hay pánico a contraer esta rara gripe que parece buscar sin descanso nuevos huéspedes donde replicarse. Pero junto al virus porcino hay otro organismo invisible que campa a sus anchas en la vieja Teotihuacán: la desinformación.

Los tres sistemas de salud que hay en el país el de los trabajadores del Estado, el privado, y el que funciona para cubrir las necesidades de quienes carecen de recursos están colapsados.

María Elena es la encargada de enfermeras de un hospital del sur de la ciudad. Su experiencia no le sirve de nada. "Los primeros casos comenzaron a llegar hace dos semanas, pero los médicos no sabían que se trataba de una nueva cepa y aplicaron un tratamiento inadecuado. Incluso una de nuestras enfermeras murió el jueves", asegura a Público.

María Elena entiende la desesperación de la gente que aguarda a ser atendida en la puerta de los hospitales. "Todo es más complicado. Sus gritos y la desesperación también se contagian al personal sanitario". De poco ha servido la declaración del presidente Felipe Calderón sobre las dudas razonables de que la mayoría de los 1.400 casos detectados "tengan su origen en el virus porcino". Tampoco ha tranquilizado la difusión de que México "tiene los medicamentos suficientes para tratar esta enfermedad", como ayer aseguró el mandatario.

Entre los doctores hay hermetismo. En el segundo hospital más importante de la capital, el Instituto Mexicano del Seguro Social, un especialista indica que no todos los casos de muertos y enfermos "están infectados de la influenza porcina", señala. Sólo corrobora la muerte de 86 personas por esta dolencia vírica, tal como informó el presidente, quien se comprometió a habilitar en 72 horas un laboratorio específico capaz de identificar el virus de influenza porcina en un tiempo razonable.

El familiar de un fallecido culpa del fatal desenlace a la demora en la atención recibida. No se separa de su tapaboca. En su mirada se ve el miedo.

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