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La policía del Vaticano entra en Interpol

La Gendarmería Vaticana se integrará el próximo viernes en la mayor red policial

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'¿Cuántas divisiones tiene el Papa?', dicen que comentó Stalin en plena Guerra Fría. La Santa Sede no cuenta con un ejército, pero sí una importante red de seguridad, espionaje y efectivos antiterroristas, aglutinada en torno al Comité de Seguridad de la Ciudad Estado del Vaticano (CS-ECV). Uno de sus miembros es la Gendarmería Vaticana, que este viernes pasará a formar parte de la Interpol, durante la reunión que este organismo mantendrá en San Petersburgo.

A partir de ese instante, el Vaticano gozará de una mayor protección a todos los niveles, y su Policía podrá compartir información con la mayor red policial del mundo. Además, se establecen mecanismos de cooperación en materia antiterrorista e informática, así como convenios de extradición, que, curiosamente, no afectarán a la Curia vaticana. De este modo, se perpetúa la ya histórica inviolabilidad, que continuará siendo efectiva tras los muros de la Santa Sede.

La Gendarmería Vaticana fue creada en 1816 por Pío VII, un año después de la derrota de Napoleón en Waterloo. En ese momento, el Papa toma conciencia de la necesidad de un servicio policial para los Estados Pontificios. Hasta 1970, cuando se desliga de la Guardia Suiza -el cuerpo de seguridad personal del Papa-, sus funciones eran las de un cuerpo militar.

Los gendarmes vaticanos son uno de los múltiples organismos de seguridad de la Santa Sede, que giran en torno al CS-ECV. Su máximo responsable es monseñor Renato Boccardo, secretario general del Gobierno de la Santa Sede ('ministro' de Interior vaticano). Este Comité, creado por el papa Juan Pablo II tras el atentado contra su persona del turco Alí Agca, se reúne dos veces por semana para velar por la seguridad en el territorio vaticano.

Además del comisario Domenico Giani, responsable de la Gendarmería, acuden a los encuentros el comandante en jefe de la Guardia Suiza (encargada de la seguridad personal del Papa); el jefe del S+P (Sodalitium Pianum, contraespionaje); los jefes de Bomberos y Protección Civil; y el prefecto de La Entidad, antes llamada Santa Alianza y, probablemente, el más completo servicio de inteligencia del mundo, junto al Mosad.

El nombre de este monseñor se desconoce, aunque algunas fuentes subrayan que podría tratarse del español Pedro López Quintana. Este selecto grupo se encarga de obtener y administrar toda la información de inteligencia, tanto dentro como fuera del Vaticano. Un importante servicio de espionaje, cuyos principales secretos estarán a salvo, también para la Interpol.

Según explica el escritor Eric Frattini, uno de los mayores expertos mundiales en los servicios secretos vaticanos, 'la Santa Sede tiene los mismos riesgos de seguridad que Madrid, Londres, Roma o París. Por ejemplo, un atentado en la plaza de San Pedro por parte de Al Qaeda provocaría una gran campaña publicitaria para los islamistas, y eso no interesa a nadie'.

A raíz del atentado contra Juan Pablo II, ocurrido en 1981 cuando el Papa recorría en el Papamóvil la Plaza de San Pedro saludando al público, las medidas de seguridad y protección del Pontífice 'se han triplicado', asegura el escritor. Como ejemplo de este refuerzo, Frattini resalta: 'para poder atravesar el cristal del Papamóvil, deberían dispararle con un lanzagranadas, e incluso así no creo que el Sumo Pontífice recibiese ni un solo rasguño'.

Los 160 miembros de la Gendarmería Vaticana han de ser italianos y proceder de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de la República italiana o de su ejército. Para Frattini, 'la principal tarea de la Gendarmería es cuidar de la seguridad y el orden público dentro de las fronteras vaticanas'. Esta función implica la custodia y aduana de las fronteras, así como de la policía judicial y tributaria, y la seguridad de los lugares, estancias y personas que viven, trabajan o visitan el Vaticano.

Los gendarmes vaticanos también son los encargados de caminar al lado del Papamóvil en los viajes internacionales del Pontífice. Por ello, la colaboración con los servicios de seguridad extranjeros se hace especialmente necesaria. 'Antiguamente también se ocupaban del control de los documentos de alto secreto de la Santa Sede -revela Eric Frattini-, pero durante el pontificado de Juan Pablo II, esa tarea fue encomendada a La Entidad'.

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