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Primeras grietas en el partido del alemán Lafontaine

La formación Die Linke carece de un proyecto coherente para Europa

GUILLEM SANS MORA

En un año electoral decisivo, el partido Die Linke (La Izquierda) ha mostrado esta semana sus primeras grietas importantes. El experto en política financiera Carl Wechselberg anunció que abandonaba el partido porque Die Linke "ya da las elecciones alemanas por perdidas" y su presidente, Oskar Lafontaine, se refugia en la retórica dura "cuando en realidad tiene el agua al cuello".

Por otro lado, la eurodiputada Sylvia-Yvonne Kaufmann reconoció un "completo fracaso" en su intento de dotar al partido de un "claro perfil proeuropeo" y anunció que abandona para pasarse a los socialdemócratas, que tienen un "programa convincente" para Europa. La retirada de Kaufmann es un doble golpe para el ex socialdemócrata Lafontaine.

Las expectativas para las elecciones europeas son malas. Kaufmann, de 54 años, fue vicepresidenta del Parlamento Europeo y ocupó entre 1991 y 2002 altos cargos del Partido del Socialismo Democrático, que se fusionó en 2007 con una plataforma de socialdemócratas desencantados para crear Die Linke, que ahora ha llevado el Tratado de Lisboa al Constitucional alemán.

Este partido se ha sumergido en una retórica de lucha de clases que busca recabar el voto de protesta. En su programa para las elecciones alemanas, abundan los ataques contra los "kamikazes del mercado radical".

Die Linke anda desorientado por el pretendido giro a la izquierda de los socialdemócratas alemanes, pero también por la tensión entre anticapitalistas radicales y pragmáticos. Así lo cree Manfred Güllner, director del instituto demoscópico Forsa. A pesar de la crisis del capitalismo, en abril el partido de Lafontaine bajó del 10% al 8% en intención de voto por primera vez en dos años. "Die Linke no presenta soluciones. Acierta a la hora de describir los problemas, pero nadie sabe cómo pretende resolverlos", explicó Güllner a Público.