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"Putin no se puede permitir otra Politkóvskaya"

Crónica negra. 'El caos del Cáucaso' es una ficción basada en hechos reales sobre la corrupción y la impunidad

CARLOS PRIETO

Historia de siete cadáveres. El primero se resistió a morir. El 16 de julio de 2000, Igor Domnikov fue asaltado cuando entraba en su apartamento, en el sudoeste de Moscú. Un desconocido le golpeó en la cabeza repetidas veces con un martillo.Domnikov entró en coma y murió dos meses después.

El segundo, Yuri Petrovich, murió por causas naturales el 3 de julio de 2003. La versión oficial echa la culpa a una extraña reacción alérgica, la alternativa habla de envenenamiento radioactivo. Es posible que las circunstancias nunca se aclaren del todo.

Varios trabajadores del diario Novaya Gazeta han sido tiroteados

El tercer muerto nos es muy familiar: se llamaba Anna Politkóvskaya y murió tiroteada en el ascensor del edificio de su apartamento moscovita el 7 de octubre de 2006. Domnikov, Petrovich y Politkóvskaya trabajaban en el rotativo Novaya Gazeta, que había denunciado incansablemente tanto la relación entre el crimen organizado, las grandes corporaciones y el régimen de Vladimir Putin como las tropelías cometidas por el Ejército ruso en Chechenia. Pero no crean que la conmoción internacional por la muerte de Anna Politkóvskaya ha frenado la sangría.

El cuarto y el quinto muerto llegaron el 19 de enero de este año, con unos pocos segundos de diferencia. El abogado Stanislav Markelov, que entre otras muchas cosas investigaba los crímenes de los periodistas de Novaya Gazeta, andaba por la calle a plena luz del día cuando un individuo le disparó con un pistola con silenciador. Anastasia Baburova, joven periodista del periódico ruso, intentó socorrer a Markelov y recibió a cambio su propia ración de balas.

"No hay duda de que murieron por los artículos que escribieron"

El séptimo fue el más recambolesco. Natalia Khusainova Estemirova, amiga personal y colaboradora de Politkóvskaya, reportera ocasional de Novaya Gazeta y defensora de los derechos humanos en Chechenia, fue secuestrada en su casa de Grozni el pasado 15 de julio. El cadáver fue encontrado horas más tarde en una zona boscosa junto al pueblo deGazi-Yurt (Ingusetia).

¿Quién será el próximo en caer? ¿A quién le tocará la papeleta con el número 8? Como suena a pregunta de novela negra, qué mejor que hacérsela a una novelista criminal que, para colmo, también trabaja de periodista en Novaya Gazeta y es, por tanto, una de las más firmes candidata a acabar en la morgue.

Iulia Latínina (Moscú, 1966) presenta hoy en el festival Getafe Negro su nueva novela, El caos del caúcaso (Los libros del lince, 2009), pero lejos de querer vocear a los cuatros vientos que su vida puede estar en peligro, quita hierro a su situación con una gran sonrisa: "Es cierto que están ocurriendo cosas desagradables en Rusia, pero me parece un poco ridículo hablar de si estoy tomando algún tipo de precaución, porque no creo que vaya a pasarme nada", dice.

"No tengo miedo. Estoy segura de que no me va a pasar nada"

Antes de que el reportero pueda deducir que está delante de una inconsciente adicta al peligro, Latínina puntualiza que la clave aquí es poner las amenazas a los periodistas en contexto. "En los últimos años han muerto varios periodistas de Novaya Gazeta. Se trata, sin duda, de asesinatos políticos. Los periodistas murieron por los artículos que habían escrito, sí, pero lo que hay que entender es que nosotros no estamos más o menos amenazados que cualquier otra persona. El problema no es ser periodista, sino vivir en Rusia bajo el poder de Putin. A cualquiera le pueden pegar un tiro. El peligro es ser ruso. Pero no se preocupen: no me ocurrirá nada. Putin no puede permitirse otra Politkóvskaya", zanja.

Vista la situación, cabría preguntarse ingenuamente por qué los rusos no se alzan en armas para defenderse de los peligros que los acechan. Latínina se encoge de hombros y devuelve la pelota al periodista: "Esa es la pregunta del millón de dólares. ¿Por qué cree usted que los españoles no hicieron lo suficiente para derribar a Franco?", pregunta entre risas.

"El peligro no es ser reportero, sino ser ruso y vivir en tiempos de Putin"

Como la trayectoria de muchas de las balas que han acabado incrustadas en la cabeza de los periodistas de NovayaGazeta parecen conducir a Chechenia, no resulta extraño que Latínina haya decido ambientar la ficción de El caos del Cáucaso en un país limítrofe llamado República de Avaria del Norte y Dargo.

Aunque, teniendo en cuenta los grotescos casos de corrupción e impunidad que protagonizan los héroes de la novela, cualquiera diría que Avaria limita al norte con Chiquitistán y al sur con Absurdistán. La escritora recibe, con una interminable carcajada, la pregunta sobre si ha tratado de satirizar la realidad. "Me temo que es una novela estrictamente realista. Todo lo que cuento le ha ocurrido a algún amigo o conocido cuenta a Público. Si la trama parece exagerada es porque se mira con ojos contemporáneos y occidentales. Pero la realidad del Cáucaso tiene más que ver con los tiempos de la conquista de América por los españoles o con la Edad Media", razona. "Eso sí, reconozco que la vida en Rusia o en la zona del Cáucaso, donde te pueden disparar por los motivos más extravagantes, de las formas más absurdas, tiene algo de cómico", cuenta la periodista rusa mientras trata de controlar un risacompulsiva.

"La zona del Cáucaso tiene más que ver con la Edad Media"

Aunque cualquier parecido con la realidad no es precisamente pura coincidencia, Latínina tiene muy claras las diferencias entre los reportajes periodísticos, que "nos proporcionan respuestas", y las novelas, "que nos hacen preguntas", explica. "En los artículos periodísticos intentas expresar claramente tus puntos de vista, pero en una novela los lectores deben sacar sus propias conclusiones. El novelista no tiene por qué tener claro cuáles son sus puntos de vista cuando escribe una ficción. Las novelas son contradictorias, se pueden sacar diferentes conclusiones", cuenta.

Y por si no hubiera quedado suficientemente claro, la novelista ofrece un ejemplo contundente para cerrar el tema. "En las novelas escribes cosas que no puedes escribir en un artículo. El asesino de una novela puede ser un buen tío. Pero alguien que asesina a otra persona en la vida real, no puede ser un buen tío, en ningún caso", concluye Iulia Latínina, y vuelve a soltar otra carcajada, como si acabara de soltar impunemente una gamberrada.

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