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La química que se convirtió en estrella

Nora Ness dejó la probeta por la cámara de fotos y hoy sus obras cotizan por miles de euros

ISABEL REPISO

Tras media vida dedicada a la ciencia, la química Nora Ness abandonó su trabajo en el laboratorio para abrirse camino como fotógrafa, un territorio que conocía parcialmente por su pasado de modelo. Con esta inquietud comenzó a autorretratarse en actitudes provocadoras y hoy sus piezas se venden en series limitadas desde 2.500 a 9.000 euros.


El canal de distribución lo pone el circuito museístico que ha albergado sus obras: Saatchi Gallery (Londres), el Museo Británico de Arte Erótico, Pier Giuseppe Carini (Arezzo), Casa del Pane (Milán), Bienal de Alejandría, Kunstjkeller Gallery (Dresden) o la última Exhibición de Arte Erótico Internacional de Detroit. Con un pie en el mundo científico –es editora de revistas especializadas– y un dedo en la cámara, Nora es una mujer liberada.


“Mis obras son autenticidad en estado puro, no están alteradas digitalmente, como las de las revistas. Trasmito la realidad de mi cuerpo desnudo. Cada sesión de fotos es un experimento científico que planifico concienzudamente y, aún así, el resultado es siempre desconocido”, alega.
Pero Ness no obvia la crítica social: “Todavía hay gente a la que le resulta problemático ver arte erótico porque se siente culpable o avergonzada”.

Los propietarios de las fotos de Nora se sitúan muy lejos de estos sentimientos. Y quienes valoran su propuesta lo hacen porque muestra “las fantasías y los sueños que todos imaginamos”. Sus fotos son producto de una performance frente al espejo en la que Nora se desinhibe para captar “verdaderos momentos eróticos y apasionados”. Y para aquellos que prefieren mirar para otro lado, esta alemana replica que su trabajo “no tiene nada que ver con la pornografía. El porno no estimula la mente, pero la erótica es rica en emociones”. Glups, ¿tenéis todo en su sitio?

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