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Rajoy inaugura el AVE a Alicante entre pitos y petardos de manifestantes

JUAN ANTONIO BLAY

Un AVE más. Esta vez, otro radial, desde Madrid hasta Alicante. Un viaje de 2,20 horas - un tiempo que en la ciudad mediterránea consideran largo y por lo tanto lesivo frente a otros recorridos - que ha llegado con un retraso de casi dos años en ser realidad sobre los cálculos iniciales - otra consecuencia de la crisis -. A partir de este martes el AVE circulará regularmente entre ambas ciudades, con una nueva estación intermedia, Villena, una localidad de 35.000 habitantes en la provincia de Alicante. En estos momentos son ya 31 las ciudades con estación de alta velocidad en una red que, con los 165 kilómetros inaugurados hoy, suma un total de 3.100 que hacen de España el segundo país del mundo - China  nos ha adelantado recientemente- en tener este tipo de transporte.

La inauguración de hoy es la segunda que protagoniza el presidente Rajoy - se estrenó en enero con el tramo Barcelona-Figueres -, acompañado en esta ocasión por el Príncipe de Asturias.  La anterior inauguración de un AVE en la Comunitat Valenciana, a mediados de diciembre de 2010, fue a Valencia con Zapatero como presidente y los Reyes como estrellas invitadas.

En esta ocasión tanto Rajoy como el resto de la comitiva oficial, que incluía también a la ministra de Fomento, Ana Pastor, y de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, y los presidentes autonómicos Alberto Fabra y María Dolores de Cospedal, han tenido que escuchar los pitidos y los gritos proferidos por cientos de manifestantes, que hicieron explotar también algunos sonoros petardos, concentrados ante las nuevas instalaciones de la estación de Alicante habilitada para recibir los convoyes del AVE.

Hasta cuatro manifestaciones distintas se han concentrado ante el lugar para protestar por las preferentes, los desahucios y los recortes sociales en educación y sanidad. Un efectivo cordón policial mantuvo separados a los protestantes del lugar donde se desarrollaron los discursos. Otro grupo, también con unos cientos de personas, se quedó con las ganas de ver y saludar a los protagonistas de este hecho histórico para la ciudad. Los contestatarios portaban algunas banderas republicanas y proferían gritos contra Rajoy y sus políticas. 

Tan solo han hablado Fabra, que se estrenaba en esto de recibir un AVE, el presidente Rajoy y el príncipe Felipe. El jefe del Ejecutivo se mostró cauto y de forma genérica agradeció el trabajo de las administraciones precedentes hasta el punto de "convertir a España en un referente mundial en la construcción de líneas de alta velocidad". Y ha acabado permitiéndose una alegría: "Que las dificultades no nos hagan olvidar que somos un pañis a la altura de sus obras". Ha aprovechado la ocasión para insistir en su apuesta por el corredor del Mediterráneo "del que esta nueva línea forma parte".

En cualquier caso, el acto oficial de inauguración en Alicante ha estado rodeado de una expectación añadida: comprobar qué tipo de relación iba a mantener el presidente Rajoy, incluso Cospedal, con la alcaldesa de la ciudad, Sonia Castedo, imputada por un presunto delito de corrupción política en el denominado "caso Brugal". Castedo forma parte de los diez parlamentarios autonómicos del PP que están imputados en diversas causas judiciales.

Un saludo, apenas cordial, en el mismo andén tras bajar la comitiva oficial del tren fue la única relación entre ambos, que no cruzaron palabra. Es más, en la primera foto oficial de grupo fue convenientemente marginada a una apartada segunda fila junto al presidente de las Corts, Juan Cotino como único acompañante. Instantes después, ya en el estrado, la alcaldesa fue colocada para otra la foto institucional junto a la placa conmemorativa descubierta por el Príncipe. Don Felipe fue el único que le dio la mano, como al resto de los integrantes de la comitiva.

No hubo más y eso que Sonia Castedo lo intentó con denuedo, incluso a codazos y con ayuda de gentes de su gabinete. Pero el personal de Moncloa es experto en estas cuitas y la alcaldesa no logró colocarse nítidamente junto a su jefe de filas en el PP. Rajoy, evidentemente, no le prestó la más mínima atención.

Tampoco hubo tiempo para más. Una vez el Príncipe terminó su discurso, en el que recordó que la madre de su tatarabuelo, Isabel II, inauguró el primer ferrocarril entre Madrid y Alicante, en el año 1858, el acto se deshizo como un azucarillo en agua. De hecho, el viaje de regreso a Madrid de la comitiva oficial, que estuvo acompañada de un centenar de periodistas, se adelantó casi media hora sobre el horario previsto. Seguramente se quiso evitar complicaciones con la presencia de los manifestantes que, una vez partió la expedición oficial, fueron dispersados por una intervención policial.

Los actos de esta inauguración han estado un tanto deslucidos, como si se hicieran por obligación. En Alicante son conscientes de que los trenes tardan casi dos horas y media, o más con las paradas intermedias, porque el nuevo tramo no tiene testado suficientemente el sofisticado sistema de seguridad ERTMS II. Hasta finales de año los trenes no superaran los 200 kilómetros por hora en este tramo nuevo.

Tal vez por esa razón el tren que se ha utilizado para realizar el viaje inauguran ha sido un S-100 del fabricante francés Alstom, eso sí muy remozado. En concreto ha sido el número 7, es decir ya fue utilizado hace 21 años, en abril de 1992,  en los primeros viajes del primer AVE entre Madrid y Sevilla. Una fuente de Renfe dijo que los modernos "patos" de Talgo-Bombardier o los de la alemana Siemens "no pueden circular sin el sistema de seguridad a pleno rendimiento". Desde el ministerio de Fomento se resta importancia a este hecho, especialmente en tiempos de "austeridad". Los invitados para la ocasión - políticos, empresarios y sociedad civil - también fueron muchos menos.

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