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Recogepelotas: niños educados para la trampa

España contamina de antideportividad un servicio de origen noble

PEPE GARCÍA-CARPINTERO

Los hombros encogidos y la mirada desencajada buscando un balón que no aparece. Marcos, jugador del Valladolid, espera que un recogepelotas le acerque un esférico. No llega. El Real Madrid, cuyo himno reza "caballero del honor", los ha hecho desaparecer durante la segunda parte del encuentro para perder tiempo. Sucede en Chamartín, pero no exclusivamente. La trampa, castigada en Europa, se repite en la mayoría de estadios españoles sin que nadie ponga freno: niños, generalmente de la cantera, que son instruidos para acelerar o ralentizar la devolución del balón en función del resultado, para fomentar un enredo cargado de antideportividad.

La ley (la ausencia de ella) les ampara, pero sólo dentro de nuestras fronteras. "No hay ningún tipo de legislación que reglamente la función de los recogepelotas", afirma Jorge Carretero, portavoz de la Federación Española, tras incidir en la necesidad de poner coto a acciones como las que protagonizó el Madrid el domingo. "Eso de que desaparezcan es demencial. Este asunto hay que tratarlo", añade.

Hasta la fecha, la Federación no sanciona estas actitudes de los clubes y sus recogepelotas. La única medida que se ha adoptado en estos casos ha sido su expulsión del terreno de juego por parte del colegiado de turno, autoridad máxima sobre el césped.

En el Madrid, el responsable de que esta trampa funcione a la perfección es Agustín Herrerín, delegado de campo. Quince chavales de la cantera, que cambian aleatoriamente en cada encuentro, son aleccionados una hora antes del inicio del encuentro. Todos obedecen a Herrerín sin pestañear. Juande Ramos dijo que sin su consentimiento. "Primera noticia que tengo sobre este tema. Además, las cosas adyacentes no me preocupan", asegura el técnico del Madrid.

En Chamartín, sin embargo, la historia se repite. Miguel Ángel Lotina ya denunció esta trampa en enero. "Hay que tener muy poca clase para retirar a los recogepelotas", dijo el técnico del Deportivo que, sin embargo, en su propio campo hace unos días recriminó airadamente a un recogepelotas su excesiva rapidez al devolver un balón al Betis.

Las quejas también se pueden escuchar en campos tan pequeños como Vallecas. Javier Clemente, como entrenador del Murcia, ya lo denunció: "No se puede ir a un campo en el que tardan mucho tiempo en devolver el balón al contrario; pero cuando favorece al Rayo, aparece enseguida".

Los chavales no hablan por fidelidad al club. "Todo lo relativo a los recogepelotas es competencia del delegado de campo", dice Carlos Peña, delegado del Atlético Madrid. "Los chicos saben ya tanto que no hay que decirles nada, pero que desaparezcan del campo no está bien. Nunca di una orden semejante y esto tendrá un límite. Mire en la UEFA...".

La UEFA tiene una norma que impide este tipo de actuaciones. "Existe una serie de órdenes ineludibles para todos los encuentros de Liga de Campeones, UEFA y partidos internacionales", explica Borja Bilbao, delegado de prensa de la UEFA en España. "Como mínimo, debe haber ocho recogepelotas y, como máximo, 12. La cantidad depende de las dimensiones del terreno de juego y siempre supervisados por el coordinador de UEFA, nunca por el delegado de campo", prosigue.

Si no se siguen los parámetros, se hace un informe previo antes de cualquier sanción para el club y los recogepelotas. La advertencia da sus frutos y no se pierde tiempo. La UEFA supervisa hasta su colocación: dos en cada fondo, uno acompañando al cuarto árbitro, dos en la banda de los banquillos y tres en la contraria. Si hay pista de atletismo, se añaden dos más.

En España, Brasil e Italia, los recogepelotas tienen barra libre. En Inglaterra, están prohibidos.

 

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