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La recuperación ‘burbujeante’

Los expertos siguen debatiendo sobre la duración y el perfil de la fase de reactivación de la economía

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He aquí un simulacro interesante sobre la situación económica española: supongamos que la contracción económica del tercer trimestre de 2009, cifrada por el INE en el 0,3% respecto del segundo trimestre del año se convierte, por arte de la prestidigitación estadística, en un crecimiento del 0,3%. ¿En qué cambiaría la realidad pura y dura?

Ayer, precisamente, Andrew Sentance, miembro del comité de política monetaria del Banco de Inglaterra, declaró que a pesar de la evolución negativa de la economía británica en el tercer trimestre (-0,4%), el Reino Unido había salido de la recesión y la libra esterlina se reforzó en los mercados. Lo esencial, como analiza la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos (NBER, según sus siglas en ingles, que es la entidad privada que dictamina con retraso tanto la entrada como la salida de una recesión), no es la cifra de la actividad económica general durante uno o dos trimestres sino la evolución de las principales magnitudes, entre ellas la marcha del paro, los salarios, el comportamiento del consumo, y otras.

Si el azar de la revisión estadística condujera finalmente a un crecimiento de la actividad en el tercer trimestre, ello no tendría, a pesar de los titulares periodísticos, ninguna significación real. Porque las pequeñas y medianas empresas siguen sin recibir una gota de crédito, habida cuenta de que el grifo de los bancos sigue cerrado y continuará así durante bastante tiempo, y porque tampoco hay demanda de dinero; porque los salarios realmente existentes, aquellos que percibe la gente que ha tenido la suerte de conservar el empleo, están siendo recortados en todos los sectores; porque todas las tasas que contabilizan el paro, las más restrictivas y las más amplias, siguen aumentando; y porque por todos estos factores, la demanda de consumo no puede recuperarse más que muy a largo plazo.

¿La razón? Una economía basada en la deuda de familias, empresas y bancos, a lo largo de un periodo de diez años. Este endeudamiento, levadura de la burbuja inmobiliaria y de acciones (es decir, activos), está en la base de la crisis de largo plazo de la economía española, de la cual  el déficit exterior (comercial y por cuenta corriente) eran, durante largos años, poderosas señales de alarma. Que nadie, entre ellos los que estaban en el timón, quiso reconocer y corregir, cuando era posible, y para lo que ahora invocan la necesidad urgente de reformas desde los púlpitos erigidos en varios hoteles de cinco estrellas de Madrid.

A propósito de la nueva burbuja, o de la recuperación burbujeante en curso, por así decir, sobre la cual las advertencias y avisos ocurren estos días minuto tras minuto, al ver la subida superior al 70% que se ha producido en los mercados bursátiles de los principales países desarrollados, cabe recordar al economista británico John Maynard Keynes. En la página 145 de su Teoría General [1936, edición del Fondo de Cultura Económica], Keynes escribe: 'Los especuladores pueden no hacer daño cuando sólo son burbujas en una corriente firme de espíritu de empresa; pero la situación es seria cuando la empresa se convierte en burbuja dentro de una vorágine de especulación. Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en subproducto de las actividades de un casino, es probable que aquél se realice mal'.

Si hay una letra apropiada para España esa es la L

Ya en esta obra, Keynes se anticipaba a James Tobin, cuando en la página 146 proponía lo que hoy se llamaría una tasa Keynes. 'La implantación de un impuesto fuerte sobre todas las operaciones de compraventa podría ser la mejor reforma disponible con el objeto de mitigar en Estados Unidos el predominio de la especulación sobre la empresa'.

Aunque no la define como una recuperación burbujeante, ha sido Sir Martin Sorrell, el consejero delegado de la multinacional de publicidad, marketing y relaciones públicas WPP, con base en el Reino Unido, quien se ha distinguido por las combinaciones de letras más imaginativas del alfabeto para vaticinar el carácter de la etapa económica actual y sus perspectivas.

Sorrell entiende que la recuperación no tendrá la forma de V, es decir, un fuerte rebote después de la Gran Recesión, sino la de una LUV. Sorrell, que ha vaticinado el rebote de las bolsas actualmente en curso, sostiene que Europa Occidental va a registrar una recuperación en forma de L, es decir, a la recesión seguirá una fase larga de estancamiento, con un rebote en forma de U en Estados Unidos y una reacción rápida en forma de V para los mercados de Brasil, India y China.

Si hay una letra apropiada para España esa es la L.

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