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Los rescates no alejan el riesgo de quiebra de Grecia e Irlanda

Las draconianas reformas que se impusieron junto a la ayuda financiera hacen pender de un hilo a ambos países

 

BELÉN CARREÑO

Una sopa de letras comienza a calificar la solvencia europea. Si hace apenas dos años la mayoría de la zona del euro vendía su deuda acuñada con el certificado AAA' de máxima calidad (es la calificación más alta que otorgan las agencias de rating), esta semana tres países miembros han comenzado a flirtear con el oprobio de denominarse "bono basura". La escoria de la deuda.

Cuando está a punto de cumplirse un año desde que Grecia pidió un rescate que sonaba a ciencia ficción (110.000 millones de euros), los efectos en la economía helena apenas muestran que el maná del FMI y la Unión Europea hayan pasado por el Olimpo. Esta misma semana, las temidas y enjuiciadas agencias de rating rebajaban a un paso de la basura la deuda griega, atendiendo a la posibilidad de que las nuevas reglas del Mecanismo de Estabilidad Financiera el fondo de rescate de los países del euro, que regirán desde 2013, obligarán al país a imponer una quita en el pago de su deuda.

Pocos confían en que puedan ir a los mercados a por dinero con éxito

"Más tarde o más temprano, Grecia irá a la ban-carrota", asume contundente Zsolt Darvas, investigador de Bruegel, el principal think tank europeo. El presagio de Darvas es compartido por muchos expertos y por el propio mercado, que sigue manteniendo la prima de riesgo griega (la diferencia entre la rentabilidad del bono alemán y el griego a diez años) en niveles máximos por encima de los 930 puntos básicos. España se mantiene en torno a los 190 puntos.

Un año de recortes salariales, sociales, anuncios de privatizaciones y férreo control de la banca no han servido para que la economía griega vislumbre la posibilidad de salir a pedir dinero prestado a los mercados. "Ahora no le hace falta, pero cuando lo intente en 2012 [año previsto para que los fondos del rescate dejen de funcionar como salvavidas] Grecia se encontrará con que sigue sin obtener financiación", asume Darvas.

"A los tipos de interés que les hemos prestado el dinero no pueden devolverlo. Habrá una quita una parte que dejarán de recuperar los tenedores de deuda. No pueden pagarlo todo", confirma el profesor de Finanzas del Esade, Jordi Fabregat. La pregunta entonces es obligada. ¿Han servido para algo los miles de millones de euros que se han inyectado en la economía helena y las medidas draconianas de ajuste? Los expertos responden casi al unísono: No había alternativa con Grecia. Su desequilibrio fiscal, su falta de competitividad y su laxitud tributaria empujaban inexorablemente al país a tomar medidas de reforma para mantener a raya el déficit.

La cuestión de si era mejor haber dejado caer a los bancos sigue abierta

Otro cantar es el rescate al sector financiero, algo que Grecia sufrió colateralmente, pero que está en el meollo de la debacle irlandesa, la otra economía rescatada hace apenas cinco meses (recibió 85.000 millones). "Su situación es más turbia que la de Grecia", cree el investigador del IESE, Gonzalo Gómez. Los expertos discrepan de si es peor la crisis real de Grecia o la crisis financiera de Irlanda.

El cambio del Ejecutivo irlandés poco después de aceptar el rescate y las dudas de cómo va a resistir las presiones comunitarias para subir el Impuesto de Sociedades, piedra angular de su economía, se han sumado al nuevo anuncio de que deberá entregar otros 24.000 millones a la banca. En total, el rescate del sector se llevará casi la mitad de lo que produce su economía (el 45% del PIB). Otra pregunta surge obligada. ¿Merece la pena salvar una banca que está podrida desde sus raíces? ¿O se debería haber hecho como en Islandia y dejar que los bancos quebrasen?

"El Banco Central Europeo nunca hubiera dejado que los bancos quebrasen", recuerda Philip Lane, profesor del Trinity College en Dublín e investigador del Centro de Investigación de Política Económica (CEPR). Sin embargo, la cuestión permanece abierta para este experto, que reconoce que en Islandia el modelo ha funcionado, al menos aparentemente. "A diferencia de Irlanda o España, Islandia no ha tenido una burbuja inmobiliaria y es una economía muy pequeña, es difícil saber qué habría ocurrido", remacha.

Irlanda juega con el viento a favor en cuanto a la flexibilidad de su economía y su capacidad exportadora, pero las dudas de si será capaz de generar crecimiento económico y pagar a sus deudores están casi igual de abiertas que en el caso griego. "Entre 2013 y 2014, Irlanda tendrá que volver a los mercados y es cuando veremos si el rescate ha tenido éxito", concluye Lane.

Con los dos precedentes sobre el tablero, es fácil entender por qué Portugal lucha por capear el temporal de la deuda por sus propios medios.