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Roger Ballen descubre la cara cruda del alma

El fotógrafo de los psicodramas imparte talleres magistrales en PHotoEspaña

PEIO H. RIAÑO

¿No está colgando de esos cables? "No, acaba de romperlos. ¿No ves las tijeras? Se ha liberado de ellos, por eso tiene ese gesto de esfuerzo", explica Roger Ballen, al que volvemos a preguntar: ¿Qué significan los cables? "Mira a tu alrededor, ¿qué ves?". Cables, claro. El trabajo fotográfico de este neoyorquino de 59 años es inconfundible: quiere retratar la psique. Los reportajes de Ballen transitan entre lo real y lo imaginario, a la busca de una introspección que muestre las caras invisibles, pero insistentes del ser humano. "La fotografía es arte cuando contiene metáforas y símbolos", más claro imposible.

De ahí sus encuadres extraños, casi surrealistas, su interés por lo doloroso, sus procesos de montaje escenográfico (que le acercan más a un director de escena, que al trabajo de un fotógrafo sin más) y la necesidad del blanco y negro. "Mis fotos son un psicodrama reconoce a Público el fotógrafo, que pasa estos días por Madrid gracias al Campus de PHotoEspaña y a su nuevo libro Boarding House, publicado por Phaidon. Es más psicológica que política o social, porque me gusta preguntarme por la condición humana".

La historia de Roger Ballen es la vida de alguien que renunció a su carrera por la fotografía. Su padre trabajaba como editor en Magnum en los 60 y abrió una de las primeras galerías de foto en EEUU, lo que le abrió las puertas a algunos de los mejores fotógrafos del mundo como Andre Kertesz, Steichen y Cartier Bresson. Nunca estudió fotografía, de hecho, es doctor en Economía Minera y asegura que lleva tomando fotografías al menos 50 años: "No ha pasado un solo día de mi vida sin que haya pensado en la fotografía". Llegó a Johannesburgo hace 30 años y dejó su trabajo como geólogo y consultor de minas para dedicarse a documentar, al principio, pequeños pueblos del África rural y sus habitantes aislados o pacientes de psiquiátricos, porque sólo hace fotos para él y nunca para encargos comerciales.

Boarding House es un lugar físico, un lugar mental y un espacio para la imaginación", reconoce sobre su nuevo trabajo, en el que ha aumentado a lo largo de cinco años su recreación escénica y ha recurrido a más aspectos pictóricos y escultóricos. "Es una visión del mundo visto desde la mente del fotógrafo". Por eso es fiel defensor de la fotografía metafórica, porque ésta es incapaz de cerrar significados absolutos: cada cual tendrá su significado particular de la imagen. "En la fotografía lo que ves y lo que sientes no es lo mismo, tampoco lo que ves y lo que crees ver", otrasentencia.

Ballen no quiere dar su brazo a torcer y se esfuerza en rechazar la idea de fotografías tristes o dolorosas. "Es más, no tienen por qué ser la representación del lado más oscuro de uno. Pero sí es un retrato de una idea más plena de lo que es uno", asegura, al tiempo que se describe como un "ilustrador de la mente humana". Quizá por eso no se imagine trabajar en color. Por eso y porque está convencido de que nació en una generación blanco y negro.

Los sujetos que aparecen son asesinos, fugados de la ley, de hogares rotos, hechiceros, ex presidiarios, etc. ninguno aparece sin mostrar el rostro directamente, pero todos se transforman en la ansiedad, la oscuridad, el aislamiento. Además, así reduce el número de caras: "Una fotografía sin caras es mucho más compleja y mucho más misteriosa".

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