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Roland Garros mira al cielo y al pasado

EFE

Mientras la lluvia sigue atascando el avance de Roland Garros, el segundo Grand Slam de la temporada mira al cielo con la esperanza de que escampe y, para hacer tiempo, se entretiene en recordar a sus viejas glorias, desde René Lacoste "el visionario", a Yannick Noah, el último mosquetero francés.

El museo de Roland Garros inauguró una exposición sobre Lacoste, "el cocodrilo", plagada de objetos personales, de fotografías y de recuerdos de la carrera de uno de los más laureados tenistas franceses de todos los tiempos.

"Los mosqueteros están aquí en su casa", afirmó el presidente de la Federación Francesa de Tenis (FFT), Christian Bimes, durante la apertura de la muestra junto con Michel Lacoste, hijo del tenista.

El recorrido por la vida de Lacoste comienza con los álbumes fotográficos que el campeón recolectó para sus nietos en 1996 y que son una buena antología de si mismo.

En un intento de no dejar sin mostrar ni un resquicio de su vida, el Mosquetero de los años 20 también enseña la casa de San Juan de Luz, en el País Vasco francés, en la que formó su amplia familia.

El campeón de Roland Garros de 1925, 1927 y 1929 fue también un ilustre inventor que desarrolló su talento en la ingeniería aeronáutica y de su trabajo salió un imperio empresarial que todavía hoy sigue siendo importante.

No escampa en París cuando Yannick Noah inaugura una de las avenidas del club de tenis que portará su nombre, justo cuando se cumplen 25 años de que levantara la copa de los mosqueteros, la última de un francés.

Otra leyenda del tenis francés sale a relucir en un día nublado y triste y, sin perder la sonrisa que le ha hecho mítico, el ahora rockero lamenta que ningún compatriota haya tomado el testigo de sus gestas.

"Por un lado estoy contento por tener mi propia calle, pero por otro estoy triste del tiempo que ha pasado desde aquella victoria. Me sorprende mucho", asegura el tenista de 48 años.

Lo malo para Noah es que en el horizonte no aparece ningún tenista de la patria bajo la bandera azul, roja y blanca con opciones de pelear ni por meterse en la final de Roland Garros.

Las retiradas antes de empezar de Jo-Wilfried Tsonga, finalista del pasado Abierto de Australia, y de Richard Gasquet, el número uno de los franceses, son malos augurios para Francia, que tiene que conformarse como mejor opción con Paul-Henri Mathieu, 19 del mundo, que nunca ha superado los octavos de final.

"No soy yo quien tiene que buscar un sucesor", clamó el veterano tenista, harto de que la mirada ansiosa de los franceses busque en sus hombros el peso de la historia.

A Noah eso parece importarle menos que poner toda su fama al servicio de la fundación que ha creado y cuyo símbolo aparece en cada acto en el que aparece.

Sigue la lluvia en París y los partidos, apenas comenzados, vuelven a ser suspendidos.

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