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Rubalcaba acusa al PP de minar la credibilidad de España

El vicepresidente y Tomás Gómez escenifican su reconciliación tras la ruptura de las primarias de Madrid

JUANMA ROMERO

'Convicción y determinación' a la hora de aplicar las reformas. Una y otra vez repitió ayer Alfredo Pérez Rubalcaba el mensaje que se ha impuesto el Gobierno para devolver a los mercados la confianza en España. Pese a quien le pese. Aunque el Ejecutivo se encuentre 'solo' y enfrente tenga a una oposición, la del PP, más obsesionada por 'quitar' del poder al PSOE que en preservar la estabilidad del país. Y, lo que es peor, encima es imprudente con sus declaraciones y con sus silencios: 'Cuando Mariano Rajoy tiene que hablar para defender la solvencia de España, calla, y cuando tiene que callar para no crear incertidumbre sobre la economía española, habla'.

El vicepresidente primero cerraba así, con un severo reproche al PP, una semana marcada por la polémica suscitada por Esteban González Pons, quien sembró dudas sobre la salud de las cuentas públicas y sugirió que el Gobierno mentía con los datos. Rajoy ni desautorizó a su portavoz.

Rubalcaba pintó ese dibujo del PP en el mitin de lanzamiento de la candidatura del aún secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, a la Alcaldía de Madrid. Un acto en el que todo el 'morbillo' palabra empleada por el ministro se volcaba en una sola imagen: su reconciliación (al menos, de puertas para fuera) con el líder del Partido Socialista de Madrid (PSM) y ya aspirante a la Comunidad, Tomás Gómez. Era la ocasión, ante las cámaras, para echar agua al incendio interno que desencadenaron las primarias.

Pero Rubalcaba sabía que debía aprovechar su contacto con los más de 600 militantes del PSM para 'dar la cara' y 'explicar' la gestión del Ejecutivo. Y ahí calzó su defensa de la 'austeridad' como vía para resguardar las 'políticas sociales del mañana' y las reformas del sistema financiero y del mercado de trabajo.

En ese contexto encajó el vicepresidente la reestructuración de las pensiones. En 1985, recordó, los socialistas dieron vida, ellos 'solos', al sistema que perdura hasta hoy. 'Y no hay mejor arquitecto para reformar una casa que el que la diseñó', sostuvo, para asegurar que va a ser el PSOE quien, de nuevo, y 'con convicción y determinación', emprenda la reforma de las jubilaciones. Un programa completo de cambios, dijo, del que se salvará la 'cohesión social'.

'¿Y qué hace el de la tumbona? Lee encuestas sin parar', se respondió. Hasta el punto de que el líder del PP ha creado una categoría en los sondeos, la del que 'sabe, pero no contesta', la del que sólo pide elecciones y 'esconde' su modelo de 'recortes sociales, privatizaciones de servicios públicos y retrocesos sociales', aunque Esperanza Aguirre se encargue de 'recordar una y otra vez cuál'. Gómez completó el retrato de la presidenta: representa la 'derecha más radical de España', el 'neoliberalismo económico, el integrismo religioso y el nacionalismo españolista'.

Fue en agosto cuando Rubalcaba afirmó que el 'mayor activo' de Gómez había sido decir no a José Luis Rodríguez Zapatero, obstruyendo la candidatura de Trinidad Jiménez. Salía a la luz una hostilidad entre ambos soterrada durante meses y que engordó según se acercaban las primarias.

Ayer, casi dos meses después de los comicios internos, tocaba fijarse en gestos, en palabras. Abrió el líder del PSM: 'Este partido está unido, cohesionado, con ganas'. Luego se dirigió al ministro. 'Alfredo, tenía muchas ganas de que tuviéramos este acto juntos clamó. Alfredo se ha comprometido con la máxima intensidad porque le hemos pedido que nos ayude a recuperar el Ayuntamiento y la Comunidad. ¡Alfredo, contamos contigo!'.

El vicepresidente se ajustó al ritual: 'Estoy encantado de estar con Tomás'. Por dos razones, porque comparte con él los 'principios, valores e ideas' y porque son ambos 'un poquitito singulares': 'Nos gusta decir lo que pensamos, con franqueza'. Y concluyó: 'Estoy muy cómodo con él. Él dará la cara para ser presidente de la Comunidad y yo con él. Nos van a ver mucho juntos'.Pero no ocultó su mayor cercanía personal y política con su 'amigo' Lissavetzky: 'La ilusión más grande de su vida es volver a ver a un socialista en la alcaldía, y la mía también'.

En el escenario abundaban los abrazos y las risas cómplices. La grada, aunque volcada en el acto, ofrecía un paisaje de un entusiasmo no tan unánime. Dos veces los tomasistas la gran mayoría se levantaron para gritar '¡presidente!' a Gómez y dos veces los jimenistas se quedaron sentados. Los saludos de unos y otros se notaban fríos. Y cuando tocó aplaudir, algunos críticos rehusaban hacerlo o batían palmas con cierta desgana. Jiménez, por cierto, no acudió al mitin. Sí Valeriano Gómez, el nuevo ministro de Trabajo.

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